Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Alas de vuelo inalcanzablemente alto perdidas entre realeza de ajedrez.


No más secretos, no más mentiras, no más falseos, no más palabras a medias.

Es curioso cómo la vida te expone tus propias situaciones y soluciones ante tus ojos de forma metafórica. Es simplemente hechizante la forma en que hace mover sus hilos para crear todo ese espectáculo de fantasía gris e ilusiones desvanecidas, de burlas y señales alrededor que seguimos pero jamás captamos hasta que el destino que les corresponde se planta de pie y con los brazos en jarras ante nuestros ojos, quejándose de no haberle percibido antes y volviéndose así mucho más inundo. 

Desde lo alto de unas pequeñas plataformas y un par de tacones nuevos las cosas se ven de otra manera. En este gran tablero de ajedrez en el que príncipes, princesas, reyes, reinas o simples peones que turnan roles todos volvemos al 0, al punto medio en el que yo no me arriesgo a perder por ganar, porque ni siquiera tengo -ni me son dadas- las suficientes razones para ello; al punto central en el que, simplemente, gano por dedicarme a algo que sé que no me fallará.

Puede que con el tiempo resulte aburrido, monótono, demasiado vacío y solitario; pero de la otra  manera acabaría siendo mortal.

Narices, ¿qué locuras estoy diciendo? Ya no sé si luchar por que perduren intocables ambos lados de la balanza, ni si tengo o no razones para ello, ni a qué viene todo esto y qué pretende este enrevesado mundo con ello. 
Incluso he empezado a dudar de mis propias alas...


Por cederte su magia a ti.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Quiero preguntarle algo al cielo.


¿Quién gana en esta lucha?

Pues cuando el dolor es demasiado fuerte para dejarse tapar por la sensibilidad de tu corazón de piel suave comienzas a dudar cuál debería sobrevivir en este caso, si tú debes jugar tus piezas para que los dos enemigos protagonistas, ambos en contra del mal, despierten de su siesta indecisiva y empiecen a mediar.

Sólo me queda esperar a que el cielo me responda para saberlo.

Beatles y Stones - Dani Martín.



Oh, qué precioso fue,
pero todo siempre acaba.
Yo, que ya no quiero ser
el problema de tu alma.

Y hoy no queda nada,
sólo quedará el recuerdo de este amor.
Y hoy, mi vida cerrada,
mal momento...

Oh, qué doloroso es
cuando algo se desgasta.
Yo, que ya no quiero ser
ese perro que no ladra.

Y hoy no queda nada,
sólo quedará el recuerdo de este amor.
Y hoy, mi vida cerrada...

No queda nada, ni mirar la vida hoy.
No queda nada, ya no eres, ya no soy...
Se ha marchado mi princesa,
ya no hay Beatles, no hay Stones;
sólo queda, y hace daño, este dolor.

No queda nada, ni mirar la vida hoy.
No queda nada, ya no eres, ya no soy...
Se ha marchado mi princesa,
ya no hay Beatles, no hay Stones;
sólo quedará el recuerdo,
sólo quedará la voz,

No queda nada, ni mirar la vida hoy.
No queda nada, ya no eres, ya no soy...
Se ha marchado mi princesa,
ya no hay Beatles, no hay Stones;
sólo queda, y hace daño, este dolor.


martes, 10 de diciembre de 2013

Mil y una formas de ser en historia.


Horas autoeducativas de silencio.
...

Una luz tenue que casi no veo, una sensación pálida y frágil, el bostezo de quien se despierta perezosa y lentamente una mañana de principios de primavera con el dulce trino de un pájaro y un rayo de luz que se cuela por la ventana de mi ático. Buenos días.

Me enderezo suavemente deslizándome bajo las mantas aún embarulladas de mi cama, dejo ver mis brazos por fuera del edredón y con delicadeza me estiro y bostezo. Un último segundo de lentitud... ¡Y arriba!

Salgo de la cama de un salto y comienzo el día con un movimiento enérgico de cabeza, en un intento de colocar cada mechón de pelo en su sitio, lo que, por supuesto, acaba en un desastre similar al de una melena de león. Quejicosa conmigo misma, enciendo la minicadena de música. A saberse qué CD dejé puesto anoche. Empieza a sonar la música y no la reconozco de inmediato, pero no está mal para empezar la semana. Me miro al espejo y sonrío, un día más para mí.
Me pongo el bañador y un chándal, voy dando saltos a la cocina y me preparo el dulce y frío café que me mantendrá con la tensión alta todo el día. Me lo bebo de un sorbo y salgo de casa como una bala, con una sonrisa en la cara y los ojos brillantes por la joven luz del amanecer primaveral.

Llego a la piscina, donde, como siempre, se encuentra la amable secretaria que, como siempre, me saluda alegremente. Le devuelvo el saludo y paso a los vestuarios. Me cambio, y en seguida entra a la sala Meg. Me apresuro a acercarme a ella y me tiende el gorro elástico que nos obligan a llevar cuando nadamos. Le ayudo a ponérselo con cuidado, pues tiene el pelo muy débil.
Es una rutina diaria silenciosa, porque la verdad es que nunca he sabido más de ella que su nombre y que no sabe ponerse el gorro. El primer día que llegó me preguntó educadamente si podía ayudarla, y lo hice; y al siguiente se repitió la escena, y así sucesivamente hasta que empezó a venir con el gorro ya en la mano y me acostumbré a leer la amable petición de ayuda en su rostro sin que hiciese falta que pronunciase ninguna palabra.
En realidad, tampoco quería irrumpir en la intimidad de aquella mujer que no sabía ponerse el gorro de piscina. Yo acudía allí para dedicarme un rato al día, para olvidar todo cuanto tenía alrededor generalmente y para comenzar a autoeducarme. Sí, autoeducarme. Y precisamente lo que menos me distraería sería hablar.

...


Frío/Frío/Frío


Niebla, niebla y hielo, hielo y punto.

Y no es martes, ni sábado, ni es semana, ni mes ni año, porque nada lo distingue.
Es frío.
Frío del frío del frío.

A los calendarios se les han borrado las fechas, enterradas entre tanta escarcha, a los relojes se les han congelado las agujas. Ya nada corre, el tiempo no se marca.
Sólo una vez a la noche la luz del cielo, de repente, se enciende; y sólo una vez al día la luz del cielo, de repente, se apaga.

Alrededor las cosas surgen sin anticipación de entre una niebla que cala en el alma cuando se vaga por las calles infinitas, irreales y tétricas de esta ciudad fantasma. Es un valle de nubes mullidas que no dejan paso a lo sólido, una barrera que aísla del calor humano con el que funciona el corazón.
El viento ruge e impide la resistencia, la vida muere y el frío congela.

Mi mente no encuentra escapatoria alguna que no sea hacer punto. Revés, derechas. revés, derechas. revés... y punto.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

De indefinido a invisible.


¡Y qué bonito es que las cosas ocurran inesperadamente y de la manera más extraña posible cuando no te centras en ellas, cuando ni siquiera te las imaginas... y que de repente, igual que han llegado, se vayan sin más, arrastrando rostros de confusión inmejorables y haciéndote pensar!

Y dirán que lo bueno se acaba, que lo que nace se apaga, que igual que vino fue... Pero en algún pequeño recoveco de mi mente existe la posibilidad, y sus votos van en aumento, de que en ello se encuentre la verdadera emoción del asunto. ¿Y acaso no es un hecho que las cosas monótonas aburren? ¿No nos cansa la rutina de las semanas, e incluso a veces el sofocante calor del verano o el frío del invierno?
¿De qué nos quejamos cuando las cosas buenas se terminan sin razones coherentes? Ese recuerdo dejará un hueco para algo mejor y, siempre que tú cumplas su propósito, lo recibirás.

Así que a ti, que has venido a mi vida, has brillado con una luz de un color indescriptible y totalmente nuevo, la has inundado y, de repente, has desaparecido sin decir ni mu, quiero decirte que no voy a llorar, ni a sufrir por tu marcha. Simplemente, me resignaré a preguntarme eternamente qué pasó para que te camuflases de indefinido a invisible, y tu recuerdo quedará guardado en una de las miles cajas de cartón que llevo contadas residiendo dentro de mi cabeza, en la sección despolvorizada de las experiencias memorables.

¡Bienvenido a tu nuevo hogar dentro de mí! Espero que te acostumbres, es mucho más oscuro y frío que mi corazón...

Con (aprecio) (cariño) (amor)  recuerdos inolvidables,

tuya y, muy a mi pesar, esperándote.

domingo, 24 de noviembre de 2013

"Fuera se escucha una negrura impenetrable y se ve un sonido que se asemeja al de la lluvia. Huelo un tacto suave que me recorre la mejilla, y toco un olor que despierta mi nostalgia."


25 de Noviembre. Maldito el domingo en que la lluvia empapó todas las perspectivas de planes por hacer, maldito el calor helado que las convirtió en ceniza que sólo revive mientras sueño.

Ha pasado un año, y casi es como si fuese el mismo día. Con la única diferencia de que yo he cambiado, y el mundo a mi alrededor también. Con la palpable similitud de que mi alrededor sigue sin volver a ser el suyo.
No quiero escribir nada triste, considero que este día es como cualquier otro, su espacio vacío sigue siendo el mismo que ayer y el mismo que será mañana, y la nostalgia que de vez en cuando me abate no se muestra indiferente.
Hoy quiero darle las gracias por todo lo que me ha ayudado desde entonces y hasta entonces, por todo el espacio que ocupó en este mundo y todo el que ha ocupado y ocupa en mi corazón. Quiero agradecerle que me enseñara la belleza del mundo y la naturaleza, que me permitiese disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y que me haya guiado en todos los sentidos en que podía haberlo hecho. Quiero que sepa que he estado mal, y que si no lo hubiera estado no habría aprendido a sentirle ahora, no lograría sonreír de la misma manera sincera de la que lo hago. Que sepa que cada día que pasa pienso en él con eterno agradecimiento por acompañarme, por hacerse cargo de mi mente y reservarme unas clases intensivas de reflexión para lograr alcanzarle al otro lado de la pared invisible e intocable que nos separa. Quisiera que no hubiese ocurrido y que estuviera aquí, que no hiciese falta que escribiese nada de esto para decirle cuánto le quiero y cuánto le necesito; pero en la vida las cosas pasan, y no hay nadie ni nada más sabia que ella... Ella sabrá por qué razón lo permite. Quizá no lo descubra nunca, quizá tampoco necesite hacerlo; sólo sé que, de algún modo, logro sonreír a pesar de ello porque sé que es gracias a él, logro sentirme llena y repleta de sueños, de propósitos por cumplir, de cosas buenas que completar siguiendo su ejemplo.
Siento que estoy hecha cada vez un poco más de él y otro poco de mí, y que mientras no me pierda a mí misma nunca me faltará él. Siento que sigue por aquí cerca, que por las noches ronca cuando no me entero y que se acerca a ver el atardecer por mi ventana cuando el cielo se pinta de los colores de las puestas de sol. Le veo en cada luna, en cada mirada brillante, en cada sol y en cada sonrisa; le veo en los padres jóvenes que juegan con sus hijos, en todo aquél que hace algo por otra persona. Le veo en la bondad de la gente y en compañía cuando disfruto, le veo cuando estoy sola, cuando escucho música, cuando toco la guitarra, cuando estudio. Le veo y veo que está en mí, que no se ha ido, que su voz aún está grabada en mi cabeza y que su rostro es parecido al mío.
Espero que, sea donde sea el lugar desde el que se le envía a mi pensamiento, allí sea feliz y disfrute como el niño que siempre quiso ser, que siga mordiéndose las uñas y enfadándose cuando le asusto antes de darle las buenas noches, y que, sobre todo, nos recuerde a mí y a mi familia, porque nosotros aquí le extrañamos mucho.

Hola, 25 de Noviembre. He logrado sobrevivir a ti usando tus propias armas sin hacer daño ninguno, espero que hayas obtenido lo que buscabas.

sábado, 26 de octubre de 2013

Se suceden estaciones, vueltas completas al sol y cambios de órbita.


25. Un 25 más. Un segundo más de vida, o menos. 
¿Otra coincidencia, otro fallo, otro sinsentido?
Me permito dudarlo.

El cielo cae. El azul de la mañana se ve rasgado de repente por una gran hendidura que muestra su brillo más profundo, sus vísceras de luz, sus tardíos goteos de sangre transparente y húmeda que me cala hasta los huesos. La tormenta ha empezado, a mi alrededor un genio que combate contra si mismo llueve, empapa, truena, asusta, grita, ruge y maldice su suerte, pues presiento que desaparecerá. Debajo de mí aún aguardan las flores, por lo que yo ni me inmuto. De vez en cuando me sequé algunas de las lágrimas del genio porque sentí que rodaban por mejillas ajenas, y de vez en cuando las dejé correr, libres, por donde quisieran. 
Al fin y al cabo, si me encuentro aquí es porque quiero, a pesar de todo lo que conlleva.

Una fina máscara de dudas se posa, sin más dilaciones, sobre el rostro anonadado de mi genio triste..Él no ha desaparecido, sigue ahí, pero sabe que no le veo y eso le hace sentirse seguro. No entiendo por qué se esconde de mí...
La niebla habla, le susurra al viento con sus formas poco ensayadas y, al ver que éste no la entiende, se enfada, se rebota, se cuela silenciosa en el interior de su ignorante compañero. Entonces grita, ulula, congela con su corazón frío y corre, veloz como un hilo de plata, siempre entre los recovecos del aire, siempre en su fuero más interno. Corre huyendo de una sombra que le da miedo; corre huyendo de si misma. 

Huye tan lejos que desaparece de mi vista. No deseo preguntarme a dónde ha ido: no lo hago. ¿Y el genio? ¿A dónde ha ido él? Espero pacientemente la siguiente visita. Se suceden estaciones, vueltas completas al sol y cambios de órbita, pero nunca nada cambia hasta que no se observa un cambio cada vez más difícil de percibir. Suceden agujas, cronómetros, relojes del tiempo y vasos graduados donde verter el tiempo, hasta que reparo en ello. Entonces me hundo por un segundo y mis flores se debilitan, huyen, escondiéndose entre sus raíces, y por error se topan con unas misteriosas habichuelas de fuerza inimaginable que las eleva hacia lo alto, arrastrándome a mí, hacia esa zona azul que tan simple me ha parecido y que por fin he tomado como un cambio más; y me río, la luna se me posa ante la boca y soy incapaz de ver el mundo de la misma forma.

Mis dedos rozan la gran bóveda y se manchan de polvo de hada, el cual se desvanece con la suave brisa cálida; y mis trazos a mano alzada completan una pincelada de un tono más oscuro. Vuelo, salto entre las nubes, me dejo llevar de un lado a otro, hago uso de mis corazonadas y creo mi hermoso atardecer, sólo para mí, destalla este cambio. 

No me despertéis si estoy soñando.