No más secretos, no más mentiras, no más falseos, no más palabras a medias.
Es curioso cómo la vida te expone tus propias situaciones y soluciones ante tus ojos de forma metafórica. Es simplemente hechizante la forma en que hace mover sus hilos para crear todo ese espectáculo de fantasía gris e ilusiones desvanecidas, de burlas y señales alrededor que seguimos pero jamás captamos hasta que el destino que les corresponde se planta de pie y con los brazos en jarras ante nuestros ojos, quejándose de no haberle percibido antes y volviéndose así mucho más inundo.
Desde lo alto de unas pequeñas plataformas y un par de tacones nuevos las cosas se ven de otra manera. En este gran tablero de ajedrez en el que príncipes, princesas, reyes, reinas o simples peones que turnan roles todos volvemos al 0, al punto medio en el que yo no me arriesgo a perder por ganar, porque ni siquiera tengo -ni me son dadas- las suficientes razones para ello; al punto central en el que, simplemente, gano por dedicarme a algo que sé que no me fallará.
Puede que con el tiempo resulte aburrido, monótono, demasiado vacío y solitario; pero de la otra manera acabaría siendo mortal.
Narices, ¿qué locuras estoy diciendo? Ya no sé si luchar por que perduren intocables ambos lados de la balanza, ni si tengo o no razones para ello, ni a qué viene todo esto y qué pretende este enrevesado mundo con ello.
Incluso he empezado a dudar de mis propias alas...
Por cederte su magia a ti.
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