25. Un 25 más. Un segundo más de vida, o menos.
¿Otra coincidencia, otro fallo, otro sinsentido?
Me permito dudarlo.
El cielo cae. El azul de la mañana se ve rasgado de repente por una gran hendidura que muestra su brillo más profundo, sus vísceras de luz, sus tardíos goteos de sangre transparente y húmeda que me cala hasta los huesos. La tormenta ha empezado, a mi alrededor un genio que combate contra si mismo llueve, empapa, truena, asusta, grita, ruge y maldice su suerte, pues presiento que desaparecerá. Debajo de mí aún aguardan las flores, por lo que yo ni me inmuto. De vez en cuando me sequé algunas de las lágrimas del genio porque sentí que rodaban por mejillas ajenas, y de vez en cuando las dejé correr, libres, por donde quisieran.
Al fin y al cabo, si me encuentro aquí es porque quiero, a pesar de todo lo que conlleva.
Una fina máscara de dudas se posa, sin más dilaciones, sobre el rostro anonadado de mi genio triste..Él no ha desaparecido, sigue ahí, pero sabe que no le veo y eso le hace sentirse seguro. No entiendo por qué se esconde de mí...
La niebla habla, le susurra al viento con sus formas poco ensayadas y, al ver que éste no la entiende, se enfada, se rebota, se cuela silenciosa en el interior de su ignorante compañero. Entonces grita, ulula, congela con su corazón frío y corre, veloz como un hilo de plata, siempre entre los recovecos del aire, siempre en su fuero más interno. Corre huyendo de una sombra que le da miedo; corre huyendo de si misma.
Huye tan lejos que desaparece de mi vista. No deseo preguntarme a dónde ha ido: no lo hago. ¿Y el genio? ¿A dónde ha ido él? Espero pacientemente la siguiente visita. Se suceden estaciones, vueltas completas al sol y cambios de órbita, pero nunca nada cambia hasta que no se observa un cambio cada vez más difícil de percibir. Suceden agujas, cronómetros, relojes del tiempo y vasos graduados donde verter el tiempo, hasta que reparo en ello. Entonces me hundo por un segundo y mis flores se debilitan, huyen, escondiéndose entre sus raíces, y por error se topan con unas misteriosas habichuelas de fuerza inimaginable que las eleva hacia lo alto, arrastrándome a mí, hacia esa zona azul que tan simple me ha parecido y que por fin he tomado como un cambio más; y me río, la luna se me posa ante la boca y soy incapaz de ver el mundo de la misma forma.
Mis dedos rozan la gran bóveda y se manchan de polvo de hada, el cual se desvanece con la suave brisa cálida; y mis trazos a mano alzada completan una pincelada de un tono más oscuro. Vuelo, salto entre las nubes, me dejo llevar de un lado a otro, hago uso de mis corazonadas y creo mi hermoso atardecer, sólo para mí, destalla este cambio.
No me despertéis si estoy soñando.
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