Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Latiendo escondido.
Bailando bajo la lluvia.
Ante todos los inconvenientes y detrás de cada cielo azul, bajo un sol ardiente o un manto de estrellas que juega al escondite y sobre todos nosotros, cubriéndonos, empapándonos, calándonos hasta los huesos. La lluvia, como el amor.
Esas sensaciones de libertad fugaces y maravillosas de cuya exclusividad no se puede disfrutar siempre que se quisiera, ese frío y húmedo recorrido por la piel que hace que desees más, que no te importe lo que venga después sino tan sólo el momento presente. Efímero, hipnotizante, locuresco.
Gotas, gotas que caen con fuerza y van a parar a ti, llenándote una a una un poco más cada vez de sentimientos que ya no sabes negar. Ganas incontrolables de gritar, de actuar, de dar brincos y girar sobre ti mismo imitando a cualquier animal. Vitalidad ardiente resurgiendo en las venas tras largos letargos en caparazones de hierro que han evitado que seamos lastimados, autoprohibiéndonos el deleite de la escarcha y el hielo.
¿Y qué mas dará si la lluvia me moja, si tardase cinco minutos más en llegar a casa por el peso de mi ropa empapada?
Y, aún costando lo que haya costado, la lluvia mi caparazón ha erosionado, he salido fuera y observado, han saltado chispas de mi corazón congelado y no, no había cicatrizado antes, pero mil gotas de mimos lo han reparado, el engranaje ya no está parado y, de tanto latir acelerado, ahora necesita sedantes.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Alas de vuelo inalcanzablemente alto perdidas entre realeza de ajedrez.
No más secretos, no más mentiras, no más falseos, no más palabras a medias.
Es curioso cómo la vida te expone tus propias situaciones y soluciones ante tus ojos de forma metafórica. Es simplemente hechizante la forma en que hace mover sus hilos para crear todo ese espectáculo de fantasía gris e ilusiones desvanecidas, de burlas y señales alrededor que seguimos pero jamás captamos hasta que el destino que les corresponde se planta de pie y con los brazos en jarras ante nuestros ojos, quejándose de no haberle percibido antes y volviéndose así mucho más inundo.
Desde lo alto de unas pequeñas plataformas y un par de tacones nuevos las cosas se ven de otra manera. En este gran tablero de ajedrez en el que príncipes, princesas, reyes, reinas o simples peones que turnan roles todos volvemos al 0, al punto medio en el que yo no me arriesgo a perder por ganar, porque ni siquiera tengo -ni me son dadas- las suficientes razones para ello; al punto central en el que, simplemente, gano por dedicarme a algo que sé que no me fallará.
Puede que con el tiempo resulte aburrido, monótono, demasiado vacío y solitario; pero de la otra manera acabaría siendo mortal.
Narices, ¿qué locuras estoy diciendo? Ya no sé si luchar por que perduren intocables ambos lados de la balanza, ni si tengo o no razones para ello, ni a qué viene todo esto y qué pretende este enrevesado mundo con ello.
Incluso he empezado a dudar de mis propias alas...
Por cederte su magia a ti.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Quiero preguntarle algo al cielo.
¿Quién gana en esta lucha?
Pues cuando el dolor es demasiado fuerte para dejarse tapar por la sensibilidad de tu corazón de piel suave comienzas a dudar cuál debería sobrevivir en este caso, si tú debes jugar tus piezas para que los dos enemigos protagonistas, ambos en contra del mal, despierten de su siesta indecisiva y empiecen a mediar.
Sólo me queda esperar a que el cielo me responda para saberlo.
Beatles y Stones - Dani Martín.
Oh, qué precioso fue,
pero todo siempre acaba.
Yo, que ya no quiero ser
el problema de tu alma.
Y hoy no queda nada,
sólo quedará el recuerdo de este amor.
Y hoy, mi vida cerrada,
mal momento...
Oh, qué doloroso es
cuando algo se desgasta.
Yo, que ya no quiero ser
ese perro que no ladra.
Y hoy no queda nada,
sólo quedará el recuerdo de este amor.
Y hoy, mi vida cerrada...
No queda nada, ni mirar la vida hoy.
No queda nada, ya no eres, ya no soy...
Se ha marchado mi princesa,
ya no hay Beatles, no hay Stones;
sólo queda, y hace daño, este dolor.
No queda nada, ni mirar la vida hoy.
No queda nada, ya no eres, ya no soy...
Se ha marchado mi princesa,
ya no hay Beatles, no hay Stones;
sólo quedará el recuerdo,
sólo quedará la voz,
No queda nada, ni mirar la vida hoy.
No queda nada, ya no eres, ya no soy...
Se ha marchado mi princesa,
ya no hay Beatles, no hay Stones;
sólo queda, y hace daño, este dolor.
martes, 10 de diciembre de 2013
Mil y una formas de ser en historia.
Horas autoeducativas de silencio.
...
Una luz tenue que casi no veo, una sensación pálida y frágil, el bostezo de quien se despierta perezosa y lentamente una mañana de principios de primavera con el dulce trino de un pájaro y un rayo de luz que se cuela por la ventana de mi ático. Buenos días.
Me enderezo suavemente deslizándome bajo las mantas aún embarulladas de mi cama, dejo ver mis brazos por fuera del edredón y con delicadeza me estiro y bostezo. Un último segundo de lentitud... ¡Y arriba!
Salgo de la cama de un salto y comienzo el día con un movimiento enérgico de cabeza, en un intento de colocar cada mechón de pelo en su sitio, lo que, por supuesto, acaba en un desastre similar al de una melena de león. Quejicosa conmigo misma, enciendo la minicadena de música. A saberse qué CD dejé puesto anoche. Empieza a sonar la música y no la reconozco de inmediato, pero no está mal para empezar la semana. Me miro al espejo y sonrío, un día más para mí.
Me pongo el bañador y un chándal, voy dando saltos a la cocina y me preparo el dulce y frío café que me mantendrá con la tensión alta todo el día. Me lo bebo de un sorbo y salgo de casa como una bala, con una sonrisa en la cara y los ojos brillantes por la joven luz del amanecer primaveral.
Llego a la piscina, donde, como siempre, se encuentra la amable secretaria que, como siempre, me saluda alegremente. Le devuelvo el saludo y paso a los vestuarios. Me cambio, y en seguida entra a la sala Meg. Me apresuro a acercarme a ella y me tiende el gorro elástico que nos obligan a llevar cuando nadamos. Le ayudo a ponérselo con cuidado, pues tiene el pelo muy débil.
Es una rutina diaria silenciosa, porque la verdad es que nunca he sabido más de ella que su nombre y que no sabe ponerse el gorro. El primer día que llegó me preguntó educadamente si podía ayudarla, y lo hice; y al siguiente se repitió la escena, y así sucesivamente hasta que empezó a venir con el gorro ya en la mano y me acostumbré a leer la amable petición de ayuda en su rostro sin que hiciese falta que pronunciase ninguna palabra.
En realidad, tampoco quería irrumpir en la intimidad de aquella mujer que no sabía ponerse el gorro de piscina. Yo acudía allí para dedicarme un rato al día, para olvidar todo cuanto tenía alrededor generalmente y para comenzar a autoeducarme. Sí, autoeducarme. Y precisamente lo que menos me distraería sería hablar.
...
Frío/Frío/Frío
Niebla, niebla y hielo, hielo y punto.
Y no es martes, ni sábado, ni es semana, ni mes ni año, porque nada lo distingue.
Es frío.
Frío del frío del frío.
A los calendarios se les han borrado las fechas, enterradas entre tanta escarcha, a los relojes se les han congelado las agujas. Ya nada corre, el tiempo no se marca.
Sólo una vez a la noche la luz del cielo, de repente, se enciende; y sólo una vez al día la luz del cielo, de repente, se apaga.
Alrededor las cosas surgen sin anticipación de entre una niebla que cala en el alma cuando se vaga por las calles infinitas, irreales y tétricas de esta ciudad fantasma. Es un valle de nubes mullidas que no dejan paso a lo sólido, una barrera que aísla del calor humano con el que funciona el corazón.
El viento ruge e impide la resistencia, la vida muere y el frío congela.
Mi mente no encuentra escapatoria alguna que no sea hacer punto. Revés, derechas. revés, derechas. revés... y punto.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
De indefinido a invisible.
¡Y qué bonito es que las cosas ocurran inesperadamente y de la manera más extraña posible cuando no te centras en ellas, cuando ni siquiera te las imaginas... y que de repente, igual que han llegado, se vayan sin más, arrastrando rostros de confusión inmejorables y haciéndote pensar!
Y dirán que lo bueno se acaba, que lo que nace se apaga, que igual que vino fue... Pero en algún pequeño recoveco de mi mente existe la posibilidad, y sus votos van en aumento, de que en ello se encuentre la verdadera emoción del asunto. ¿Y acaso no es un hecho que las cosas monótonas aburren? ¿No nos cansa la rutina de las semanas, e incluso a veces el sofocante calor del verano o el frío del invierno?
¿De qué nos quejamos cuando las cosas buenas se terminan sin razones coherentes? Ese recuerdo dejará un hueco para algo mejor y, siempre que tú cumplas su propósito, lo recibirás.
Así que a ti, que has venido a mi vida, has brillado con una luz de un color indescriptible y totalmente nuevo, la has inundado y, de repente, has desaparecido sin decir ni mu, quiero decirte que no voy a llorar, ni a sufrir por tu marcha. Simplemente, me resignaré a preguntarme eternamente qué pasó para que te camuflases de indefinido a invisible, y tu recuerdo quedará guardado en una de las miles cajas de cartón que llevo contadas residiendo dentro de mi cabeza, en la sección despolvorizada de las experiencias memorables.
¡Bienvenido a tu nuevo hogar dentro de mí! Espero que te acostumbres, es mucho más oscuro y frío que mi corazón...
Con (
tuya y, muy a mi pesar, esperándote.
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