Donde descanso mi gramática y mis músculos del alma es el silencio sepulcral sin ser silencio que escuché cuando mis oídos sumergidos bajo el agua, donde tu cuerpo unido a mí mecía al ingrávido mío.
Donde descanso mi gramática y mis músculos del alma es la voz a voces que sonó donde la noche tenía horizonte finito y aún parecía no tenerlo, cuando una penumbra oscura reconfortante alrededor de la mínima luz cálida y muchas personas se reunían y la guitarra lloraba, espontánea.
Donde descanso mi gramática y vuelve incomprensible y mis músculos del alma se hacen alma.
martes, 21 de agosto de 2018
Donde descanso mi gramática.
miércoles, 1 de agosto de 2018
Encuentro sensual.
Que sepas a agua y a crema de sol. Que me hagas esperar por el veredicto de si te desnudarás conmigo o no. Cuando noto una corriente o un hilo un poco más denso que el agua recorrerme el muslo ingrávido, pero hacia abajo, porque mi sumergido interior ha rechazado mi lubricación.
Oscurecer el alrededor en un día tan soleado,
tan verde y azul,
Y reemplazarlo u olvidarlo
por tus ojos,
por tu boca,
tu pelo,
tu cara,
Tus sensaciones
y las que me provocas.
Ardemos en un pecado infernal y dulce sin sentir una mísera pizca de calor. Nos amamos refugiados, rodeados bajo el agua.
viernes, 20 de julio de 2018
Inabsolutismo, la historia de aquello que creí absoluto.
Parece que el mundo se empeña en moverse, pero quiere mover con él el palo que clavé en la tierra... ¿No puede dejarlo ahí?
jueves, 12 de julio de 2018
sábado, 7 de julio de 2018
Sobre el autoconocimiento.
No soy la mejor persona del mundo... Ni creo que nadie lo sea. Pero tampoco creo que haya tantas personas malas como malos actos se cometen en el mundo.
Todo el mundo, directa o indirectamente, ha hecho alguna vez daño a alguien. Esto es un hecho, y si te sorprende y no te sientes identificado, te aconsejo que repases a fondo tus actos de las últimas 24 o 48 horas.
Pero, ojo, no estoy criticándote. Puesto que en una relación social se implican obligatoriamente un mínimo de dos personas, una ofensa no procede nunca jamás de una sola, al igual que tampoco lo hacen la comunicación o la pelea. En la ofensa, influyen tanto el cuidado de uno como el entendimiento y la sensibilidad del otro o viceversa.
¿A qué viene esto?
Últimamente he tenido la oportunidad de reflexionar acerca de personas a las que (en algunos de los casos) conocía de lejos, a través de otra persona que tuviera una relación más cercana tanto conmigo como con ellas. Sin embargo, e incluso buscando como amiga una postura neutral, imparcial, de amiga, para aconsejar a mis amigos o reflexionar con ellos, he llegado a reveladoras conclusiones acerca, especialmente, de personalidades influenciables y dependientes. Y yo pienso, en mis reflexiones, y estando a una rama de distancia relacional con las susodichas personalidades, la parte que falla son esas mismas. Sin embargo, desde su orilla pueden estar en la misma situación que yo y mis cercanos, y sacar sus propias conclusiones, que podrían paradójicamente ser análogas a las mías.
Lo que quiero decir con esto es que, en general, no existen tanto personas malas o malas intenciones, sino personalidades que chocan, problemas de autonomía personal, o psicologías complejas y escondidas de cuyo portador no es consciente.
Por eso me parece tan importante el autoconocimiento. Es necesario reflexionar, hacer un examen de conciencia de vez en cuando, una revisión exhaustiva de nuestros actos; y más que nada, ser capaz de llegar a la autocrítica constructiva, a la capacidad de reconocer los fallos y perdonárselos, y a la voluntad para el cambio de actitud. Si una persona tremendamente dependiente e interesada fuera capaz de descubrir y reconocerse a sí mismo el tener la autoestima por los suelos, llegaría a la conclusión de que necesita de los demás para sentirse bien, y de que no es capaz de aportar nada a cambio. Y no le hará falta nada más que un poco de ganas, un poquito de fuerza de voluntad para darse a sí mismo el amor que no encuentra en ningún lugar. Y si la persona afectada por esto se diera cuenta, paralelamente, de sus propios fallos (porque como he dicho, una ofensa no procede nunca jamás de una única persona), quizá sería más fácil reconducir una relación, perdonarse, o bien al menos sacar algo de provecho de la transición de posesión a recuerdo.
jueves, 24 de mayo de 2018
Atnemrot
La tormenta
es capaz
de ralentizar mis suspiros
con el baile musical de las gotas
extasiadas sobre las hojas,
y sus relámpagos y bramidos
son mi mayor sensación de paz.
La tormenta
es poder, y rabia y arte,
liberación, y la cognición
de un entramado iluminado
divino y desencadenante
en la ventana de mi habitación.
La tormenta,
protagonista.
Naturaleza fascinante
o fascinación natural.
Se hace dueña de la vista,
se hace nuestra, se hace mía
y con su fuerza cambiante
parece surgir de alma amante
a quien se priva de amar.
Aquí el cielo es amarillo
y los rayos blancos
como la espuma de mar...
La tormenta,
su calmo grito
y mi mayor
sensación de paz.
viernes, 11 de mayo de 2018
De cuando ya no me existes, sobre cuando no te existí.
Eras instantánea. Podíamos estar hablando horas sin que yo supiese que estaba a punto de verte. Luego sonaban un par de toques ligeros en la puerta, y me levantaba de la cama mirando la pantalla del teléfono con tu conversación abierta, sonriendo a medias tintas, pensando cómo responder ante tu chiste sobre el ratón y el elefante. Y todavía con la pantalla enfrente, abría la puerta, y diré la mentira de que te miraba de abajo arriba congelado como si fueras producto de mi mente, pero en realidad te miraba sin necesidad de verte porque, en cuanto estabas enfrente, no sé dónde estaban mis ojos, pero lo que sí sé que estaba allí eras tú. Tú, con tu presencia de colores, y reduciéndome a las más pequeñas dimensiones en tu comparación, como si yo fuese un ratón... Y tú un elefante.
Además tenías esos ojos llenos, plagados, inundados de chispas saltarinas como si hubieses tragado bengalas, de las cuales yo casi sentía que era el paradero. Parecía que me lanzaras mil estrellas de repente, como un conjuro, que sólo podía crear un pensamiento en mi mente: qué forma de amar tan pura tenías.
Mientras, yo estaba empolvado.
Tus soplos de pasión, de intuición, de locura frente a lo bien visto, pero siempre escondidos ante los ojos del mundo excepto ante los míos eran capaces de crear una nube de polvo repentina sobre mí, como dejando entrever el título y el volumen de un tomo antiguo de biblioteca abandonada. A veces la luz de la tarde se colaba por las vidrieras o los cristales rotos, y observabas el remolino, torbellino o huracán con tus ojos embelesados. Para mí eso duraba un segundo. Pero a ti... A ti entonces se te olvidaba ser efímera. Hacías que esa imagen durara meses entre tus sensaciones.
Pasaban los días, y tú llorabas y reías, paseabas entre flores y ondeabas, risueña, en algunas de mis calas mentales. Eras inocente como siempre, ingenua como nunca, y desprendías un leve aroma a sabiduría ciega, como si fueras una utopía. Eras capaz de ser tremendamente feliz aun conociendo el triste secreto de la vida, como si ignorases algo fundamental e inevitable, con lo que yo a mi vez ignoraba y negaba que tú fueses posible.
Como en todas, o por lo menos muchas de las historias sobre hadas, mi suerte fue a ser la de tomar conciencia de que no nos pertenecíamos. Miento, quizá yo sí te perteneciera. Pero tú estabas hecha de nada, y de todo. Y para mi poseerte fue, aunque quise y soñé que no lo fuera, algo inconcebible. Siempre que no estuvieras presente, para verte y creerte, tu persona era difusa y tu existencia muy dudable. Un día me di cuenta de que tú estabas plenamente segura de que yo sí existía.
Y ese día,
precisamente ese día,
supe que había dejado de existir.