jueves, 13 de agosto de 2026
Una carta.
sábado, 8 de agosto de 2026
No me reconozco
domingo, 1 de febrero de 2026
Secará.
sábado, 25 de octubre de 2025
El silencio ecualizado del bosque.
Hago voto de silencio.
Shhh...
...
Escucho las historias que guardarán las hayas.
La editorial que le ofrece ir al sofá con Chéster, pero le da vergüenza.
La castaña favorita de Súa.
El niño que descubre que hay tantas personas en el mundo, que si cada una se llevase algo del bosque, no existiría bosque.
Otra castaña que alimenta a un imprudente.
Cómo Arán ve sombras en el bosque y juega contra ellas con un palito.
Al amigo de Milo, que dice que ya sabe cómo tiene que juntar dos ramas para que ocurra algo que es sólo comprensible en su imaginación.
El sonido de ramas rotas y hojas aplastadas cuando me salto la norma de no salirme del camino.
Las lloviznas y resoles que conserva el claro de mis expectativas.
Me libero de ellas.
El sonido de la tierra a mi pisada mancilla el silencio ecualizado del bosque.
jueves, 4 de septiembre de 2025
Ríos rompepresas mentales y ajedrez
domingo, 13 de julio de 2025
"A las siete"
miércoles, 25 de junio de 2025
Equilibrista.
lunes, 2 de junio de 2025
Sentirme muy feliz.
Soltar tres lágrimas de emoción.
Decir "es que soy muy feliz".
Hacer bien mi trabajo.
Mirar la hora.
Pasar la tarjeta.
Leer un mensaje.
Sentirme violentada.
Tener calor.
Comer un bocata.
Parar a autocuidarme.
Coger un avión.
Ver un gesto amable.
Hacer una broma.
Tratar de dormir.
Ver una cara conocida.
Dar un abrazo.
Charlar de la vida.
No entender la metáfora.
Dedicar un rato de calma.
Reencontrarse.
Abrazarse.
Extrañarse.
Mimarse.
Pedir un favor.
Hablar de la vida.
Tener una sorpresa.
Ponerse un gorro de pingüino.
Reírse.
Estar juntas.
Llorar de pena.
Moldear arcilla.
Dormir bien.
Despertarse sin prisa.
Desayunar viendo el mar.
Darme una ducha.
Hacernos fotos.
Mojar los pies.
Empaparme el pelo.
Recibir un regalo de la vida.
Volver a la ducha.
Estar tranquilas.
Comer juntas.
Jugar a un juego.
Tomar un helado.
Cenar bien.
Relajarse.
Despedirse.
Recoger.
Saludar.
Mojarse.
Dormir mal.
Cerrar la casa.
Dar un abrazo.
Apreciar el paso del tiempo.
Montar en el coche.
Charlar de la vida.
Descargar música.
Decir "te quiero".
Beber café.
Parar a autocuidarme.
Caminar hacia el asiento.
Coger un avión.
Sentirme muy feliz.
Pararme a escribir.
Sentirme muy feliz.
lunes, 3 de marzo de 2025
Robusto y efímero.
miércoles, 26 de febrero de 2025
Hologramas.
domingo, 7 de julio de 2024
Date una vuelta.
Este fin de semana ha sido increíble.
No iba a pasar; en un principio, Mariajo iba a venir a Barcelona, pero una semana antes surgió algo y tuvo que cancelar su viaje. Yo, tiempo antes, había sentido la sensación de que algo me arrastraba a este viaje, pero había decidido priorizar a mi amiga. Sin embargo - y sin desprestigiar mi decisión inicial -, en cuanto lo supe, lo primero que pensé fue en unirme al viaje.
A veces en la vida hay cosas que te arrastran. O más bien, que te llevan. Mi mente, quizá romantizándolo un poco, las imagina como una "campanilla", una luciérnaga brillante flotando frente a ti y a la que tú no ves, pero que hace que veas un camino iluminado frente a ti y que vayas ilusionado hacia él. De hecho, si no hubiera existido esa campanilla, muy probablemente no me hubiese atrevido a hacer este viaje...
No me detendré más que un segundo a preguntarme qué es exactamente esa campanilla; quizá sea una intuición, una energía, un "y si...?" o un camino que hemos de andar, quizá el destino, quizá una pasión, quizá no sea más que una buena decisión en el sentido más objetivo. En cualquier caso, no importa.
La cuestión es que, cuando hicimos el primer taller de cerámica con Daniel Caselles, - fruto también de una decisión meditada pero que yo sentía arriesgada por lo económico - ; y lo disfruté tanto, y en la comida Verónica nos invitó, como invita ella, un poco al aire, a ir a conocer su pueblo en la feria de la cerámica, algo en mi cuerpo que yo no reconocía sintió la necesidad de decir que sí, que yo me unía. Nunca me imaginé que ese segundo en el que todo empezó pudiera convertirse en lo que ha sido, pero no es hasta que ha pasado que entiendo que lo que me empujó a apuntarme sin pensar quizá era más grande que yo, era un propósito de vida, o un plan que el mundo tenía preparado para mi.
Al principio, la fidelidad hizo que escogiera recibir la visita de mi amiga, en lugar de hacer el viaje que tanto me apetecía. Y no quiero malinterpretarlo en otro momento; seguramente volvería a priorizar a mi amiga, pero el mundo tenía otros planes.
Cuando ella me avisó de que no podría venir, aún dudé de irme al viaje. Dudé una vez por lo económico, y volví a dudar, el mismo día del comienzo del viaje, a minutos de salir de casa, porque tendría que tomar una decisión importante y difícil para mí este fin de semana. Había hecho la última entrevista de un proceso de selección el miércoles, había sido una semana intensa emocional y laboralmente, no tenía nada claro cómo tomaría la decisión y el viernes me habían hecho una oferta que yo no esperaba con tanta precipitación. Fruto de la duda, negocié las condiciones, las mejoraron, me pidieron llamarles, y yo sentí agobio y presión, ganas de decir que no, que me dejaran en paz. Finalmente llamé, me dieron nueva información, y me quedaba tomar una decisión, como tarde, el lunes.
Por mi cabeza pasó la opción de cancelar el viaje, decirles que no iría, que había surgido algo, y aunque con muchas más dudas que nunca, porque tampoco sabía con qué personas me iba a encontrar, una parte normativa de mí decía: no vas a cancelar ahora. Y otra parte de mí decía: lo estás haciendo por ti, porque te gusta la cerámica, ¿quién eres si dejas de hacer esto por tomar una decisión frente a una oferta de trabajo?. Suponía que la distancia me haría relativizar las cosas, y suponía que me sentaría bien.
Lo que no sabía era cuánta información habría allí concentrada, tan importante para tomar mi decisión y aclarar mis prioridades, cuánto me reencontraría conmigo, cuánto me divertiría y lo bien que me sentiría tras tomar la decisión.
Este finde he aprendido que ya tengo un buen colchón económico, comparable a lo que tiene una persona de 35 años que está planteando comprarse una casa en el campo de aquí a 2 años. He aprendido que no necesito un casoplón domotizado, moderno e increíble; que una finca vacía, la ilusión de levantar una casa, tener bien a tus seres queridos y seguir tu corazón son suficiente para ser feliz. He aprendido que vivo muy amarrada al dinero, al miedo económico, a la visión de un coche y una casa, al temor de tener que asumir costes inabarcables; que voy a ciegas fijándome un ahorro mensual con un objetivo a larguísimo plazo que es innecesario, que una hipoteca será inevitable y asumible. Que pienso demasiado a futuro y corro hacia él como si no hubiese un mañana, y en realidad, estoy huyendo de algo. Que siendo inflexible y normativa en el ahorro, aunque también sea práctico, no se me hará más fácil ni aprenderé a tomar decisiones difíciles y sacrificadas, adaptables, cuando se de un momento de dificultad de verdad. Que tendré que sacrificar cosas en la vida pero las decisiones saldrán naturales y el sacrificio tendrá sentido, que hay personas que tienen una tranquilidad laboral y saben que quieren vivir en el campo y son capaces de mudarse al lugar que toque para poder encontrar una casa en el campo asumible y porque priorizan estar en familia. Que de esa manera es como se construye el hogar, y no evaluando lo bien que me hace sentir cada ciudad para escoger definitivamente una. He aprendido de varias personas, y he aprendido que sus historias tampoco son mi historia, pero que cualquier decisión estará bien, porque yo ya he hecho sentirse orgullosos a esos padres que aparecen conmigo en la foto que hoy ha pasado mi hermana, y porque ellos me agarran al dar yo un paso y confían en mí. Que ahora me toca vivir a mí, por mí y para mí, descubriendo lo que yo quiero, lo que a mí me remueve, lo que a mí me ilusiona, descubriendo poco a poco dónde o cómo quiero vivir, y comprándome los jarrones que a mí me apetezca porque me dicen algo y punto. He recordado que mis mejores decisiones han sido sencillas y se han sentido como que eran para mí, y que las tomé sin miedo, convencida. Y ahora reconozco que he vivido acongojada, acojonada. Y ahora he sentido que verdaderamente he sido capaz de soltar. De aceptar no llevar el control. De dejarme sorprender. Y que la vida es increíble así.
jueves, 28 de marzo de 2024
Santa semana
sábado, 23 de marzo de 2024
Cara norte, a distancia
martes, 17 de mayo de 2022
Múltiples vidas.
sábado, 23 de abril de 2022
Mi cara B.
sábado, 26 de marzo de 2022
Nostalgia y romanticismo
Los findes sin planes y yo sóla conmigo somos un conjunto agradable, a pesar de todo. Es reconfortante sentir cómo cada nuevo sábado asocial acepto mejor mi solitud, vuelvo a encontrarme en el romanticismo y me acerco a quien quiero ser, nada más que de forma natural, por matar el silencio vacío que me provoca el no tener compañía. Parece una bonita metamorfosis, cómo la frecuencia de estos días me enseña a convertir lo que parece soledad en el placer de mi propia compañía.
Al salir a la terraza, sentir el aire fresco y ver un cielo de nubes lumínicas entre edificios estáticos, la calma de este sábado en esta zona de Barcelona se compara a la de un domingo en las cuatro torres de Madrid. Pienso en los días de diario haciendo visitas esporádicas, tomando algo en el bar de al lado, entre tanto gentío, dentro de un escenario de otrora tanta calma. Si hoy me sintiese muy sola, al visualizarlo ahora sólo lo añoraría, querría agrandar esa imagen y permitirle anidar en todos mis sentidos. Y que no me sorprenda: en parte es así, pero mi romántica renaciente también encuentra placer en observarlo desde la distancia, con el cariño maternal con que miramos nuestros recuerdos más preciados, y dedicar un rato de mi tiempo conmigo a escribir esto para mí.
domingo, 5 de septiembre de 2021
El cristal opaco del tren
Ver un tren desde fuera es como encontrarse ante una sala de laboratorio restringida,
los cristales opacos, y conoces al sujeto,
pero es otro mundo: no sabes qué ocurre dentro, sólo que todos se moverán a la vez.
Es el mundo de quienes se preparan para marchar, de quienes la ciudad se despide, de quienes dejan algo atrás y ya miran hacia delante.
Pero no hay tanta diferencia con aquellos que esperan fuera: cuando el tren se pone en marcha, los de fuera se despiden con la mano, y los de dentro miramos con cariño y añoranza lo que dejamos; el cristal deja de ser opaco.
Cogí aire en un largo momento rápido.
Cogí aire el día que me fui,
y eso que llevaba unos días intentando inspirarlo...
Pero era tan difícil que pasase el aire a donde había tanta arena que barrer,
que el aire sólo entró cuando no quedaba más trabajo
ni tampoco tiempo para saber lo que inspiraba.
Así que cogí aire el día que me fui,
y a día de hoy, aún no sé qué respiré.
¿Fue un adiós contenido o un respiro?
Fue un llanto limitado, llené un vaso a la mitad,
y sólo ahora siento que está pesando.
Cogí aire el día que me fui
de una ciudad que me acogió cuatro años;
respiré un momento para sentir
la nostalgia que me producía dejarlos...
Y ese aire se atascó, como en un reloj el momento,
y en este momento todo está pasando tan rápido,
que meses después alcanza ahora aún lo más profundo...
Pero hoy ya pasa a mis pulmones
y es el siguiente segundo.
Cogí aire el día que me fui
y todo está pasando tan rápido
(deseo tanto sólo detenerme a contemplar)
que no sé, antes de coger aire de nuevo,
si me dará tiempo a exhalar.
miércoles, 3 de marzo de 2021
Rumbo de nómada.
Tengo que alejarme de ti.
Tengo que alejarme de ti, porque no me das todo lo que necesito.
Es inevitable e inminente.
Custodias mi cuerpo, pero no mi inquietud, no mi corazón.
Así que tengo que irme de ti, sé que es así, no temo hacerlo. Incluso, quiero, hacerlo.
Aunque no sé quién conseguirá abrazar todos mis aspectos, por eso mismo, tengo que irme de ti.
Y sé que tú no me echarás tanto de menos.
Y aunque yo me vaya, que me iré, y de buen gusto, sé que pensaré en ti. O en mi, en los momentos contigo.
Y volveré, eso también lo sé. Volveré y por un momento te veré radiante. Quizá me emocione. Quizá te añore a mares.
Pero voy a alejarme de ti...
Es el cuerpo que custodias quien lo pide.