Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

jueves, 13 de agosto de 2026

Una carta.

Querido papá,
te siento en todo mi ser,
y sólo me reconozco en ti en parte.
Hoy estuve hablando de ti
y te sentía tan cerca como lejos.
Eres un recuerdo y a la vez estás en mí,
y sólo en sueños siento que puedo abrazarte.
Floto cada año sobre agua fría condensada,
precipitada y pisada
escogiendo el momento de homenajearte en mi cabeza
hacerte una fiesta de amor
pensar en "va por ti, papá"
y deslizarme haciendo curvas divertidas
imaginando que te entretienes
y te emocionas al verme esquiar.
Nunca lo superaré,
siempre te echaré en falta
y prefiero inventarte cerca
escribiéndote alguna carta.
Buenas noches, papá,
descansa.

sábado, 8 de agosto de 2026

No me reconozco

He tocado fondo
Y aquí abajo, en mi soledad
No me reconozco.
Quién he sido todo este tiempo
En qué demonios se me ha ido el tiempo
Qué he hecho en mi tiempo libre
Qué he priorizado
Qué he aceptado sin querer
A qué he tenido tanto miedo
Qué quiero ahora.
Tengo una crisis de identidad
o mucha tontería
y voces malvadas en mi cabeza que gritan
"pero cómo vas a hacer eso, estás loca"
con cada cosa que me hace ilusión.
Esfumar mi pensamiento es alivio
mediante barullo, barullo y sonido
Y un pensamiento intrusivo
Soy alguien desconocido.
Ni estilo, ni ilusión
Ni curiosidad, ni imaginación
Ni lectora, ni guitarrista,
Ni montañera, ni pianista
Aún siéndolo
Sólo veo lo que no soy.
El fondo no tiene más fondo
Pero no veo el escalón.


domingo, 1 de febrero de 2026

Secará.

Apoyo mi brazo en tu brazo
para darte las gracias
Noto tu suave tacto
y al minuto el calor que emanas
se vuelve una señal de la vida latente
que sí puedo agradecer.
A decir verdad no hay nada mal
todo está en paz fuera de mí
y tú estás aquí,
aunque dentro siento remolinos
tristeza desbordada arrasando las riveras
sé que el sol secará el barro
y bajaré a hacer jarrones
con él.

sábado, 25 de octubre de 2025

El silencio ecualizado del bosque.

Hago voto de silencio.

Shhh...

...

Escucho las historias que guardarán las hayas.


La editorial que le ofrece ir al sofá con Chéster, pero le da vergüenza.

La castaña favorita de Súa.

El niño que descubre que hay tantas personas en el mundo, que si cada una se llevase algo del bosque, no existiría bosque.

Otra castaña que alimenta a un imprudente.

Cómo Arán ve sombras en el bosque y juega contra ellas con un palito.

Al amigo de Milo, que dice que ya sabe cómo tiene que juntar dos ramas para que ocurra algo que es sólo comprensible en su imaginación.


El sonido de ramas rotas y hojas aplastadas cuando me salto la norma de no salirme del camino.

Las lloviznas y resoles que conserva el claro de mis expectativas.

Me libero de ellas.


El sonido de la tierra a mi pisada mancilla el silencio ecualizado del bosque.

jueves, 4 de septiembre de 2025

Ríos rompepresas mentales y ajedrez

La vuelta me arrolla como una corriente imparable y repentina, aunque previsible
De golpe añoro todo y vuelvo a disfrutar cada chute de dopamina que se genera en mi organismo cuando resuelvo algo sola o soy dueña de mi mente
Y si juego al ajedrez y gano es porque muevo yo las fichas de ambos bandos
Sin embargo,
cuando el río hincha su caudal un bando se desbanca a ratos
no lo controlo, es dueño el río de mí
Incapaz de jugar y mover ficha y tampoco es el turno del otro bando
el ajedrez es estricto
y pienso que tengo que aprender a bracear contra el río
para al menos, no haberme movido del sitio al amainar.
De golpe una palabra desencadena un drama,
el bando blando se hace cargo, hincha el pecho y se corona
El bando duro se prepara
y no mueve
y no mueve
y espera
y cuando el blando se aleja del tablero
ahí ataca en profundidad hasta la médula:
duele el retortijón en la barriga de saber un pensamiento duro, cierto
y aprieto el diafragma con los labios sellados ahogando un gemido entre lágrimas mojadas
en luto por un momento, seguro, imaginario, o tan pasado que no fue
y el trasfondo es un problema
una tara sistémica, una fuga
que parece inabarcable e inacabable y sin embargo
al rato vuelve a tener dimensión.
Supongo que así es la vuelta
encontronazo de emociones y perspectiva
construcción y juego en las esclusas
de un río desbordado, arrollador.



domingo, 13 de julio de 2025

"A las siete"

No quiero ser esclava del tiempo,
de la hora, de lo que tarde en el transporte,
ni del yugo de tomar la mejor decisión
y del tiempo que me aprieta más mientras decido
que escogiendo cualquier opción.

Me gustaría ser - y poder, ser - 
marioneta de mis sensaciones,
súbdita de la intuición,
revolucionar la expectativa de cada hora,
y si a las seis hago lo de las dos,
celebrar en rito adorador a lo que surja
en lugar de llorar el orden perdido,
que en realidad, tampoco se fue a ningún lugar.

Y lo peor es que sólo depende de mí,
y lo mejor es que dependa de mí,
siempre que mi mente esté
elegantemente vestida, clarividentemente acertada...
Dispuesta a cooperar con esta versión de mí.
Y cuando no lo esté...
Seguirá dependiendo de mí.

Me hago un recordatorio
de la relatividad del tiempo:
que si a las siete llego a la playa en vacaciones,
y no pasa nada,
quizá la sensación de vacaciones se genere porque no pase nada
porque asuma ir a la playa aún a las siete,
o "a las siete", 
simplemente.

Ojalá el próximo día me acuerde de verlo así.







miércoles, 25 de junio de 2025

Equilibrista.

Paseo por un hilo metálico, funambulista, un limbo, una montaña y luego un valle, una ilusión desmedida donde las piezas encajan y todo pinta espléndido, y un realismo desorbitado en el que busco encajar yo.
Hoy pongo un pie delante, miro al frente e hincho el pecho, mañana me tambaleo, me encojo y pido auxilio.
Estoy en el margen de una vida pletórica y el desastre absoluto, extraviviendo y sobreviviendo, a la vez fuera y muy dentro de mí. Estoy montando un puente que se siente sin cimientos pero tiene un pilar de base y una grúa sosteniéndolo, y aún así me siento flotar con la confianza y el miedo de quien ha flotado en mil túneles de viento pero nunca se ha tirado con paracaídas.
Y es que, ¿de verdad tengo paracaídas? Con la mirada dirigida hacia el frente e insensible al tacto por la fuerza del viento, no puedo comprobar mi espalda.

Tendré que confiar. Cerrar los ojos y avanzar.

lunes, 2 de junio de 2025

Sentirme muy feliz.

Soltar tres lágrimas de emoción.

Decir "es que soy muy feliz".

Hacer bien mi trabajo.

Mirar la hora.

Pasar la tarjeta.

Leer un mensaje.

Sentirme violentada.

Tener calor.

Comer un bocata.

Parar a autocuidarme.

Coger un avión.

Ver un gesto amable.

Hacer una broma.

Tratar de dormir.

Ver una cara conocida.

Dar un abrazo.

Charlar de la vida.

No entender la metáfora.

Dedicar un rato de calma.

Reencontrarse.

Abrazarse.

Extrañarse.

Mimarse.

Pedir un favor.

Hablar de la vida.

Tener una sorpresa.

Ponerse un gorro de pingüino.

Reírse.

Estar juntas.

Llorar de pena.

Moldear arcilla.

Dormir bien.

Despertarse sin prisa.

Desayunar viendo el mar.

Darme una ducha.

Hacernos fotos.

Mojar los pies.

Empaparme el pelo.

Recibir un regalo de la vida.

Volver a la ducha.

Estar tranquilas.

Comer juntas.

Jugar a un juego.

Tomar un helado.

Cenar bien.

Relajarse.

Despedirse.

Recoger.

Saludar.

Mojarse.

Dormir mal.

Cerrar la casa.

Dar un abrazo.

Apreciar el paso del tiempo.

Montar en el coche.

Charlar de la vida.

Descargar música.

Decir "te quiero".

Beber café.

Parar a autocuidarme.

Caminar hacia el asiento.

Coger un avión.

Sentirme muy feliz.

Pararme a escribir.

Sentirme muy feliz.

lunes, 3 de marzo de 2025

Robusto y efímero.

¿Y si,
por un momento,
nos parásemos a ser conscientes
del momento vital que componemos,
si fuera visto desde otra perspectiva?
Me explico,
pues algún día
la vida familiar que concebimos constante,
tradición, costumbre;
el espacio común ya compartido antaño
que sigue sirviendo de lumbre y abrigo
al tiempo, que se viste de una nueva arruga, de nuevos latidos, año tras año;
quizá toque a su fin,
simplemente decaiga, se desvanezca,
se complique, se distraiga o cambie,
y próximos nuevos latidos, con miradas de incomprensión,
entiendan esta vida, las historias alrededor de esta lumbre
con añoranza, así como ahora entiendo yo
las anécdotas de juventud de mis mayores:
como un tiempo pasado mejor
que no llegaron a vivir.

¿Y si paramos
a ser conscientes
de lo robusto y lo efímero
que lo que construímos es?

miércoles, 26 de febrero de 2025

Hologramas.

Miras atrás,
hacia un edificio que crees reconocer,
buscando en su estructura ese espacio inconfundible como agujero negro, que hacía las veces de vistas desde la ventana,
el cual era horrible, era triste, era apagado,
pero fue el decorado de la ilusión enamorada de verte por primera vez libre con tu pareja,
y del que se te ha quedado grabado un molinillo de colores clavado en una maceta
en la memoria,
y entre la serie de metáforas que utilizarías si un día contaras tu historia.
Y quizá desde fuera,
si alguien espectara dicha historia,
este momento pareciera el hito nostálgico de alguien
que añora una era, que no mira nada,
que sólo imagina tan fuerte que cree poder generar un holograma
de ellos de jóvenes, casi 8 años más jóvenes,
saliendo extasiados de azul y amarillo
decidiendo si compraban un bocata
ignorando que eran las cinco de la tarde
con una sonrisa en la boca
y como si nada importara;
quizá pareciera
que no miro atrás, que no miro fuera
que miro lo que fui, no será, y quizá ni era.

domingo, 7 de julio de 2024

Date una vuelta.

Este fin de semana ha sido increíble.

No iba a pasar; en un principio, Mariajo iba a venir a Barcelona, pero una semana antes surgió algo y tuvo que cancelar su viaje. Yo, tiempo antes, había sentido la sensación de que algo me arrastraba a este viaje, pero había decidido priorizar a mi amiga. Sin embargo - y sin desprestigiar mi decisión inicial -, en cuanto lo supe, lo primero que pensé fue en unirme al viaje.

A veces en la vida hay cosas que te arrastran. O más bien, que te llevan. Mi mente, quizá romantizándolo un poco, las imagina como una "campanilla", una luciérnaga brillante flotando frente a ti y a la que tú no ves, pero que hace que veas un camino iluminado frente a ti y que vayas ilusionado hacia él. De hecho, si no hubiera existido esa campanilla, muy probablemente no me hubiese atrevido a hacer este viaje...

No me detendré más que un segundo a preguntarme qué es exactamente esa campanilla; quizá sea una intuición, una energía, un "y si...?" o un camino que hemos de andar, quizá el destino, quizá una pasión, quizá no sea más que una buena decisión en el sentido más objetivo. En cualquier caso, no importa.

La cuestión es que, cuando hicimos el primer taller de cerámica con Daniel Caselles, - fruto también de una decisión meditada pero que yo sentía arriesgada por lo económico - ; y lo disfruté tanto, y en la comida Verónica nos invitó, como invita ella, un poco al aire, a ir a conocer su pueblo en la feria de la cerámica, algo en mi cuerpo que yo no reconocía sintió la necesidad de decir que sí, que yo me unía. Nunca me imaginé que ese segundo en el que todo empezó pudiera convertirse en lo que ha sido, pero no es hasta que ha pasado que entiendo que lo que me empujó a apuntarme sin pensar quizá era más grande que yo, era un propósito de vida, o un plan que el mundo tenía preparado para mi.

Al principio, la fidelidad hizo que escogiera recibir la visita de mi amiga, en lugar de hacer el viaje que tanto me apetecía. Y no quiero malinterpretarlo en otro momento; seguramente volvería a priorizar a mi amiga, pero el mundo tenía otros planes.

Cuando ella me avisó de que no podría venir, aún dudé de irme al viaje. Dudé una vez por lo económico, y volví a dudar, el mismo día del comienzo del viaje, a minutos de salir de casa, porque tendría que tomar una decisión importante y difícil para mí este fin de semana. Había hecho la última entrevista de un proceso de selección el miércoles, había sido una semana intensa emocional y laboralmente, no tenía nada claro cómo tomaría la decisión y el viernes me habían hecho una oferta que yo no esperaba con tanta precipitación. Fruto de la duda, negocié las condiciones, las mejoraron, me pidieron llamarles, y yo sentí agobio y presión, ganas de decir que no, que me dejaran en paz. Finalmente llamé, me dieron nueva información, y me quedaba tomar una decisión, como tarde, el lunes.

Por mi cabeza pasó la opción de cancelar el viaje, decirles que no iría, que había surgido algo, y aunque con muchas más dudas que nunca, porque tampoco sabía con qué personas me iba a encontrar, una parte normativa de mí decía: no vas a cancelar ahora. Y otra parte de mí decía: lo estás haciendo por ti, porque te gusta la cerámica, ¿quién eres si dejas de hacer esto por tomar una decisión frente a una oferta de trabajo?. Suponía que la distancia me haría relativizar las cosas, y suponía que me sentaría bien. 

Lo que no sabía era cuánta información habría allí concentrada, tan importante para tomar mi decisión y aclarar mis prioridades, cuánto me reencontraría conmigo, cuánto me divertiría y lo bien que me sentiría tras tomar la decisión. 

Este finde he aprendido que ya tengo un buen colchón económico, comparable a lo que tiene una persona de 35 años que está planteando comprarse una casa en el campo de aquí a 2 años. He aprendido que no necesito un casoplón domotizado, moderno e increíble; que una finca vacía, la ilusión de levantar una casa, tener bien a tus seres queridos y seguir tu corazón son suficiente para ser feliz. He aprendido que vivo muy amarrada al dinero, al miedo económico, a la visión de un coche y una casa, al temor de tener que asumir costes inabarcables; que voy a ciegas fijándome un ahorro mensual con un objetivo a larguísimo plazo que es innecesario, que una hipoteca será inevitable y asumible. Que pienso demasiado a futuro y corro hacia él como si no hubiese un mañana, y en realidad, estoy huyendo de algo. Que siendo inflexible y normativa en el ahorro, aunque también sea práctico, no se me hará más fácil ni aprenderé a tomar decisiones difíciles y sacrificadas, adaptables, cuando se de un momento de dificultad de verdad. Que tendré que sacrificar cosas en la vida pero las decisiones saldrán naturales y el sacrificio tendrá sentido, que hay personas que tienen una tranquilidad laboral y saben que quieren vivir en el campo y son capaces de mudarse al lugar que toque para poder encontrar una casa en el campo asumible y porque priorizan estar en familia. Que de esa manera es como se construye el hogar, y no evaluando lo bien que me hace sentir cada ciudad para escoger definitivamente una. He aprendido de varias personas, y he aprendido que sus historias tampoco son mi historia, pero que cualquier decisión estará bien, porque yo ya he hecho sentirse orgullosos a esos padres que aparecen conmigo en la foto que hoy ha pasado mi hermana, y porque ellos me agarran al dar yo un paso y confían en mí. Que ahora me toca vivir a mí, por mí y para mí, descubriendo lo que yo quiero, lo que a mí me remueve, lo que a mí me ilusiona, descubriendo poco a poco dónde o cómo quiero vivir, y comprándome los jarrones que a mí me apetezca porque me dicen algo y punto. He recordado que mis mejores decisiones han sido sencillas y se han sentido como que eran para mí, y que las tomé sin miedo, convencida. Y ahora reconozco que he vivido acongojada, acojonada. Y ahora he sentido que verdaderamente he sido capaz de soltar. De aceptar no llevar el control. De dejarme sorprender. Y que la vida es increíble así.

jueves, 28 de marzo de 2024

Santa semana

No hace falta procesión,
Bastan amigos.
Alguien que te sujete el paraguas
porque sabe que te has pasado bebiendo y te lo mereces,
Alguien que te invite a una cena a la que no te sentías acogida
Por quienes seas capaz de decir "pues voy, hostia".
Un merlú girándose en medio de herreros a tocarte la corneta antes de que seas persona entera,
- o, y, después de serlo, -
permitiéndote escucharle en primicia,
Y una caricia de un cofrade,
Que no tienes ni idea de quién es, pero ya te enterarás.
Basta para ser semana santa
la santicie de la gente con quien te reencuentras
con quien ni sabías que tanto querías reencontrarte,
y la santicie de la gente a la que quieres,
a la que esperas, hasta que la vida te reencuentre.


sábado, 23 de marzo de 2024

Cara norte, a distancia

Siento el cuerpo frío, marmoleado, poco tocado, falto de falta de espacio. Los hombros tan desatendidos que imaginan la presión de un abrazo, un achuchón o un leve contacto. Tengo una necesidad tan grande de transmitirte las cosas al tocarte, al ser tocada, al apoyarme en tí al roce al pellizco al empujón y parón con mi palma en tu pecho y al beso con lengua en tu piel con mordisco, que me siento enjaulada de no poder alargar la mano y colarla por la pantalla desde la que sólo te reprocho más cosas, a pesar de nunca antes haber sentido tal libertad.

Así que disculpa; si te reprocho lo que sea, en realidad te reprocho no tener tu cuerpo aquí, no abrazarnos, no haberlo hecho tanto como nos gustaría, quedarme con las ganas tras solo saborearte un poquito, y no saber cuándo recuperaré mi manjar.

martes, 17 de mayo de 2022

Múltiples vidas.

Un fractal en expansión:
vivencias en conexión.

Infinitas ramificaciones,
infinitos caminos,
espacios infinitos,
infinitos cruces.
Y nosotros, luciérnagas
naciendo en los nodos,
surcando las ramas,
ineludible destino:
hacia las puntas.

Hacia todas las puntas.
¿Qué punta?

Y en los infinitos cruces
de camino al extremo,
infinitos futuros,
infinita selección.
Hacia la siguiente rama,
a la próxima decisión.

Paralelos a las alas,
vemos todos los "¿Y si...":
todas las pasadas ramas...
Y en nuevas encrucijadas,
llevados a la reflexión:
dudas infinitas,
tentación de inflexión.
El fractal, en expansión,
instiga a la continuación
y miramos de lado un Y si,
siempre la misma cuestión.

Pero a veces, sólo a veces,
vemos nuestro Y si ocupado...
Una luciérnaga inspiradora
escogió lo que yo he apartado.

Y si su luz brilla tanto
que fluye con soltura,
si avanza con ternura
y nos encanta su entramado;
si tiene magia, el nuestro
cobra un sentido más pesado.
La sabiduría del destino:
no dejar llaga en el pasado.



sábado, 23 de abril de 2022

Mi cara B.

Me has visto llorar bastante,
y aún, no lo suficiente.
Me ves reír, a veces,
pero sigues enseñándome a disfrutar
y siento que aún no quiero irme.
Quiero quedarme,
inspirar, inspirarme,
formarme de pequeñez y explotarme,
hasta acomodarme en tu caos,
hasta apreciar tu lluvia.
Así como en tu análoga no me encontraba,
la sentía mía, pero no a mí suya,
parece que en ti sí, percibo que me aprecias,
que me activas instintos dormidos,
me aíslas y envalentonas.
Quiero quedarme
y que me conozcas,
aunque sea duro
y aunque sea sola.



sábado, 26 de marzo de 2022

Nostalgia y romanticismo

Los findes sin planes y yo sóla conmigo somos un conjunto agradable, a pesar de todo. Es reconfortante sentir cómo cada nuevo sábado asocial acepto mejor mi solitud, vuelvo a encontrarme en el romanticismo y me acerco a quien quiero ser, nada más que de forma natural, por matar el silencio vacío que me provoca el no tener compañía. Parece una bonita metamorfosis, cómo la frecuencia de estos días me enseña a convertir lo que parece soledad en el placer de mi propia compañía.

Al salir a la terraza, sentir el aire fresco y ver un cielo de nubes lumínicas entre edificios estáticos, la calma de este sábado en esta zona de Barcelona se compara a la de un domingo en las cuatro torres de Madrid. Pienso en los días de diario haciendo visitas esporádicas, tomando algo en el bar de al lado, entre tanto gentío, dentro de un escenario de otrora tanta calma. Si hoy me sintiese muy sola, al visualizarlo ahora sólo lo añoraría, querría agrandar esa imagen y permitirle anidar en todos mis sentidos. Y que no me sorprenda: en parte es así, pero mi romántica renaciente también encuentra placer en observarlo desde la distancia, con el cariño maternal con que miramos nuestros recuerdos más preciados, y dedicar un rato de mi tiempo conmigo a escribir esto para mí.

domingo, 5 de septiembre de 2021

El cristal opaco del tren

Ver un tren desde fuera es como encontrarse ante una sala de laboratorio restringida,
los cristales opacos, y conoces al sujeto,
pero es otro mundo: no sabes qué ocurre dentro, sólo que todos se moverán a la vez.
Es el mundo de quienes se preparan para marchar, de quienes la ciudad se despide, de quienes dejan algo atrás y ya miran hacia delante.
Pero no hay tanta diferencia con aquellos que esperan fuera: cuando el tren se pone en marcha, los de fuera se despiden con la mano, y los de dentro miramos con cariño y añoranza lo que dejamos; el cristal deja de ser opaco.

Cogí aire en un largo momento rápido.

Cogí aire el día que me fui,
y eso que llevaba unos días intentando inspirarlo...
Pero era tan difícil que pasase el aire a donde había tanta arena que barrer,
que el aire sólo entró cuando no quedaba más trabajo
ni tampoco tiempo para saber lo que inspiraba.
Así que cogí aire el día que me fui,
y a día de hoy, aún no sé qué respiré.
¿Fue un adiós contenido o un respiro?
Fue un llanto limitado, llené un vaso a la mitad,
y sólo ahora siento que está pesando.
Cogí aire el día que me fui
de una ciudad que me acogió cuatro años;
respiré un momento para sentir
la nostalgia que me producía dejarlos...
Y ese aire se atascó, como en un reloj el momento,
y en este momento todo está pasando tan rápido,
que meses después alcanza ahora aún lo más profundo...
Pero hoy ya pasa a mis pulmones
y es el siguiente segundo.
Cogí aire el día que me fui
y todo está pasando tan rápido
(deseo tanto sólo detenerme a contemplar)
que no sé, antes de coger aire de nuevo,
si me dará tiempo a exhalar.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Rumbo de nómada.

Tengo que alejarme de ti.
Tengo que alejarme de ti, porque no me das todo lo que necesito.
Es inevitable e inminente.
Custodias mi cuerpo, pero no mi inquietud, no mi corazón.
Así que tengo que irme de ti, sé que es así, no temo hacerlo. Incluso, quiero, hacerlo.
Aunque no sé quién conseguirá abrazar todos mis aspectos, por eso mismo, tengo que irme de ti.
Y sé que tú no me echarás tanto de menos.
Y aunque yo me vaya, que me iré, y de buen gusto, sé que pensaré en ti. O en mi, en los momentos contigo.
Y volveré, eso también lo sé. Volveré y por un momento te veré radiante. Quizá me emocione. Quizá te añore a mares.
Pero voy a alejarme de ti...
Es el cuerpo que custodias quien lo pide.