Hoy pongo un pie delante, miro al frente e hincho el pecho, mañana me tambaleo, me encojo y pido auxilio.
Estoy en el margen de una vida pletórica y el desastre absoluto, extraviviendo y sobreviviendo, a la vez fuera y muy dentro de mí. Estoy montando un puente que se siente sin cimientos pero tiene un pilar de base y una grúa sosteniéndolo, y aún así me siento flotar con la confianza y el miedo de quien ha flotado en mil túneles de viento pero nunca se ha tirado con paracaídas.
Y es que, ¿de verdad tengo paracaídas? Con la mirada dirigida hacia el frente e insensible al tacto por la fuerza del viento, no puedo comprobar mi espalda.
Tendré que confiar. Cerrar los ojos y avanzar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario