Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Nostalgia y cariño.

Mi habitación es toda mía. Está impregnada de mí, de mi forma de ver las paredes como un lienzo y de mi manera de colocar las cosas en un orden más práctico que lógico. Su aire es mi aire y sus ventanas donde me ensueño. Dime tú si no tiene sentido que me encariñe con ella...
Aunque en realidad, no sé qué me produce el cariño. Porque mi nueva habitación sigue siendo toda mía: está impregnada de mí, de mi forma de ver las paredes como un lienzo y de mi forma de colocar las cosas en un orden más práctico que lógico. Su aire también es mi aire y, también sus ventanas, donde me ensueño. Y, a pesar de ello, no me he encariñado tanto con ella.
Quizá mi habitación fuera el anterior refugio en que me sentí acogida, quizá mi habitación sea el refugio de una yo anterior. El lugar donde quienquiera que fuera yo entonces se sintió perdida, se halló arropada, dudó, sufrió, amó y lloró: un pequeño cementerio en el que yace quienquiera que fuera yo entonces, en el que sólo yo puedo observar ese fantasma. Un tributo privado a la causa más inmediata de que ahora yo sea así. Quizá en eso, en el recuerdo del escenario en que marqué mi papel anterior y en la ligera nostalgia de esa ya pasada versión de mi, se encuentre el motivo por el que le tengo cariño a mi habitación. A la habitación en que ya no vivo.

jueves, 11 de octubre de 2018

Con el corazón calentito.

Siento paz, escalofrío. Calor en la cara y humedad en el muslo. Llueve a las 9:30, diluvia a las 10:00 y a las 10:31 llovizna. En jueves estoy entre tus brazos, de 9:45 a 10:15 en el sofá, y tu ritmicia me tranquiliza. Qué canción tan bonita hace la lluvia sobre el suelo del balcón, sé que fuera el ambiente es húmedo y frío y aquí estoy en la gloria... En la hoguera que es tu cuerpo, en tu adormilada acogida, y arropada de vez en cuando por una sutil sonrisa que se despereza entre tus rasgos. Cuando salgo la sensación no se va.
Ni aunque fuera esté frío, ni aunque los coches deslicen ruidosos sobre el asfalto empapado, ni aunque tema que se me calen los pies. Me encanta el aparente caos de los días de lluvia por el ruido del agua al moverse y el ajetreo de gente y paraguas, y me encanta vivirlo aún con la calma que me has dejado en el cuerpo y el corazón calentito. Siento que no me he movido del sofá. Y cuando salgo, la sensación no se va.

domingo, 7 de octubre de 2018

Mi riqueza.

A veces me puede la riqueza.
A veces me desvivo por un lujo tonto, un gasto caro o una comodidad innecesaria.
Soy consciente...
Y no puedo negar que merezca la pena en ocasiones.
Pero otras veces, mientras espero a que los calcetines peluditos me calienten los pies bajo el edredón, y mientras me recreo en el recuerdo de la sensación placentera de estar tumbada en el césped contigo, o de dormir en tu cama y dedicar mi primer pestañeo de domingo a tu espalda; se me olvida que existe el dinero, se me olvida que existe un formato de vida adornado, se me olvida que tu habitación es pequeña y me doy cuenta de que ni por asomo siento falta de espacio en los 80 metros cuadrados de tu piso, y tampoco en los 45 que verdaderamente son. Me siento rica, me siento cómoda, siento el privilegio de sentirme afortunada por lo exclusivo, íntimo de ese momento contigo.
Con un lugar donde mirarte es suficiente, es suficiente con el pecho al que llamo hogar.