Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Nostalgia y cariño.

Mi habitación es toda mía. Está impregnada de mí, de mi forma de ver las paredes como un lienzo y de mi manera de colocar las cosas en un orden más práctico que lógico. Su aire es mi aire y sus ventanas donde me ensueño. Dime tú si no tiene sentido que me encariñe con ella...
Aunque en realidad, no sé qué me produce el cariño. Porque mi nueva habitación sigue siendo toda mía: está impregnada de mí, de mi forma de ver las paredes como un lienzo y de mi forma de colocar las cosas en un orden más práctico que lógico. Su aire también es mi aire y, también sus ventanas, donde me ensueño. Y, a pesar de ello, no me he encariñado tanto con ella.
Quizá mi habitación fuera el anterior refugio en que me sentí acogida, quizá mi habitación sea el refugio de una yo anterior. El lugar donde quienquiera que fuera yo entonces se sintió perdida, se halló arropada, dudó, sufrió, amó y lloró: un pequeño cementerio en el que yace quienquiera que fuera yo entonces, en el que sólo yo puedo observar ese fantasma. Un tributo privado a la causa más inmediata de que ahora yo sea así. Quizá en eso, en el recuerdo del escenario en que marqué mi papel anterior y en la ligera nostalgia de esa ya pasada versión de mi, se encuentre el motivo por el que le tengo cariño a mi habitación. A la habitación en que ya no vivo.

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