Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

domingo, 7 de octubre de 2018

Mi riqueza.

A veces me puede la riqueza.
A veces me desvivo por un lujo tonto, un gasto caro o una comodidad innecesaria.
Soy consciente...
Y no puedo negar que merezca la pena en ocasiones.
Pero otras veces, mientras espero a que los calcetines peluditos me calienten los pies bajo el edredón, y mientras me recreo en el recuerdo de la sensación placentera de estar tumbada en el césped contigo, o de dormir en tu cama y dedicar mi primer pestañeo de domingo a tu espalda; se me olvida que existe el dinero, se me olvida que existe un formato de vida adornado, se me olvida que tu habitación es pequeña y me doy cuenta de que ni por asomo siento falta de espacio en los 80 metros cuadrados de tu piso, y tampoco en los 45 que verdaderamente son. Me siento rica, me siento cómoda, siento el privilegio de sentirme afortunada por lo exclusivo, íntimo de ese momento contigo.
Con un lugar donde mirarte es suficiente, es suficiente con el pecho al que llamo hogar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario