Últimamente mi cabeza está en la ribera de un río y mi niebla es la apatía permanente y densa que me impide observar el agua correr. Normalmente esa imagen suele despertarme deseos, ilusiones... Pero hace tiempo (frío) que no tengo ni el más mísero objetivo.
Intento rebuscar entre mis escombros y un fantasma me traslada a un pasado en el que yo perseguía la máxima expresión de mí, mi propia superación. Ahora, aunque no deja de ser un instinto de mi personalidad buscar siempre una mejora, ha pasado de ser mi punto de mira a ser un mero trámite odioso que me hace recordar cada día que no he decidido hacia dónde quiero que me lleve. O, simplemente, hacia dónde quiero ir.
Y es que, aunque tenga mis pequeñas ideas, mis imágenes y mis deseos, me veo incapaz de llevarlos a cabo; me quedan grandes como prendas de abrigo, y siento que no puedo crecer más. Quizá ni quiero.
Así que soy un barco sin timón y a la deriva sobre terreno pedregoso, y me empuja la perspectiva de ser un buque grandioso; pero, antes que serlo, ojalá se disipasen la niebla y este frío horroroso u ojalá en las aguas de un río lograse encontrar reposo.
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