¡Qué electricidad! Vaya conexión. La complicidad de alta tensión.
Es como si fuésemos máquinas hechas a la par e interconectadas. Casi se asemeja a una corriente eléctrica, a una alarma que va incrustada por dentro de ti y salta de vez en cuando, alertando a todos tus sistemas de que algo en otra unidad no funciona bien. ¿Sabes que tú la despiertas? Pero también la duermes, éso es lo extraordinario. Cómo, sin ni tú ni yo saberlo, tus tan silenciados mensajes llegan involuntarios a mí y yo, involuntariamente, los leo. Cómo, sin decirnos una palabra ni mirarnos, podemos llegar a saber todo aquello que no nos contamos. Cómo nos comunicamos con los ojos. Cómo aparece tu olor de vez en cuando, inesperado, en la imaginación de mi ¿engañoso? olfato.
De qué manera soy meramente testigo de la surrealista forma en que nos conectamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario