Y, de nuevo, qué dulce placer...
El de sentirte.
La increíble agonía de mis límites.
Cuantas partículas volátiles
pudieran cambiar de forma
para ser
apasionadas y sutiles,
presentes e intangibles,
todo a la vez.
La forma en que encajas en mí,
lo perfecta que me siento
si completa por ti,
confundida entre maleza
con las sombras, gris,
como nube de lluvia
que resbala sobre ti.
Primero te mojo,
luego te empapo.
Termino calándote
y calentándome yo.
Entre piel y piel
el roce de la fricción,
me tienta la miel
de tu labio inferior.
Y cuando arden tus iris
escucho con atención
el sonido grave
de tu respiración.
El dulce placer
de sentirte.
La increíble agonía de mis límites.
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