Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

martes, 5 de abril de 2016

Tú, tú misma, tu hielo.

Qué sensaciones más extrañas. Se me encoge el cuerpo y me siento indefensa, casi capaz de echarme a llorar por cualquier cosa que ocurra; y de repente me vuelvo cínica, casi insoportable.
No, no dejes que esto te ocurra otra vez. Tú, tú misma, tu hielo.
Permitiré que el frío entre por las yemas de mis dedos y se cuele en mi interior para arropar a mis sentimientos cálidos y hacerlos dormir. Así, ni mis ojos serán tan fríos porque toda yo estaré helada, ni la luz tan cegadora como lo está siendo esta extraña mañana; así podré ver, podré sentir en silencio, podré fluir manipulando el camino de los fuegos y las corrientes cálidas que anticipan borrascas.

¿Es posible ser más acogido cuanto más frío se siente?
Deja que beba del gélido viento y seguiré siendo esa diosa, envuélveme con la suave luz que hay en sus ojos y no vetes que absorba de ellos su dorada magia. Ayúdame a no perderme demasiado surcando con la mirada sus finas líneas, no te percates de que la luz que irradia te impide ver sus sombras.

Rómpeme el corazón otra vez con esa verdad tan inocente: no estás hecha para amar, no me seas insolente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario