Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

miércoles, 6 de abril de 2016

Mariposa imantada.


De nuevo entre campos algodonados. Otra vez protegida, otra vez embaucada, otra vez cazada y una vez más, frágil.
Hoy me siento como una mariposa: hecha siempre para alzar el vuelo y mostrar su hermosa danza de piruetas de color. Pero soy una mariposa acomodada, y he encontrado un suave nido: tus hojas. Me posé sobre ellas con delicadeza, procurando no pesar; pero con cada segundo que pasa y que yo permanezco quieta y cómoda sobre tu mullida superficie con las alas desplegadas, voy sintiendo que cede más. No quisiera doblarte, ni mucho menos impedir que te diera el sol. Peor aún, ¿terminaría impidiendo que vieras otras mariposas y pajarillos surcar el cielo viajando al sur?

Me asusta estar tan quieta, tan cómoda en un lugar y con las alas tan abiertas, me asusta llegar a sentir esa sensación de familiaridad o de costumbre: parece siempre la premisa que avecina la ráfaga de viento que destrozará el tejado, el cazamariposas del coleccionista al cual mi color atrajo o la tormenta que me arrancará de cuajo de aquí sin que me haya podido despedir.

Podría revolotear a tu alrededor, pero una fuerza invisible me atrae hacia ti...

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