Avanzo. Avanzo sin más: unas veces gateo, otras cojeo, camino o corro; otras veces doy saltos y, si me duelen los pies, alzo el vuelo. Incluso en pequeños momentos me quedo parada y miro hacia atrás, o me quedo sola, o demasiado acompañada, pero al fin y al cabo, avanzo.
Últimamente me he acostumbrado a pensar que contigo al lado avanzo también. Pero, ¿acaso se le llama avanzar al constante bucle de dudar, admitir, sacrificarse, ser herido y dudar de nuevo?
Las palabras no hacen mucho ya, se han acostumbrado a su vulgar vida virtual y constante, han adoptado los rasgos enfermizos de la rutina y casi puedo notar cómo el estrés va arruinando la existencia de las neuronas mentales positivas que hacían que querer pareciese fácil. Otra vez.
Pero recuerdo que la última vez tuve la corazonada de que no volvería a serlo, de que a partir de entonces aprendería realmente el valor del místico, escurridizo y enrevesado amor. Supongo que todo esto tiene entonces el fin de hacerme avanzar... Pero, ¿y si todo quedase en miles de intentos progresivos, pero fallidos, por parte de las neuronas positivas de repuesto? y, si llegase a obtener resultados, ¿no habría sido casi innecesario todo este entrenamiento previo?
Cuando los millones de hilos de plata retorcidos, cardados y electrizados de delirios amorosos te atrapan desde dentro, te envuelven el corazón destruyendo su capa protectora y sustituyéndola por una mil veces más frágil, y se introducen en tu sangre asegurándose de que la incomprensible y hermosa enfermedad se expande por todo tu cuerpo, puedes asegurarte de que estás totalmente involucrado en la búsqueda de su sentido.
Vetusta Morla - Copenhague.
Él corría, nunca le enseñaron a andar,
se fue tras luces pálidas.
Ella huía de espejismos y horas de más...
Aeropuertos, unos vienen, otros se van,
igual que Alicias en ciudad.
El valor para marcharse, el miedo a llegar...
Llueve en el canal,
la corriente enseña el camino hacia el mar.
Todos duermen ya...
Dejarse llevar suena demasiado bien,
jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar,
o empezar...
Un instante mientras los turistas se van,
un tren de madrugada consiguió trazar
la frontera entre siempre o jamás...
Llueve en el canal,
la corriente enseña el camino hacia el mar.
Todos duermen ya...
Dejarse llevar suena demasiado bien,
jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar,
o empezar...
Ella duerme tras el vendaval,
se quitó la ropa y sueña con despertar
en otro tiempo y en otra ciudad...
Dejarse llevar suena demasiado bien,
jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar,
o empezar...
Interesante, supongo, aunque también me preocupa un poco que precisamente tu empieces a pensar estas cosas.
ResponderEliminarPero lo entiendo, más de lo que me gustaría y más de lo que nunca llegué a imaginar.
Te quiero, Ann.