"¡Bienvenidos a la nómada tómbola trucada sin truco!
¿Que dónde está el truco? En que parece realmente fácil coger el cariño, sin más, del escaparate del alma y llevártelo, sin pagar apenas unas simples palabras que no significan nada.
Por eso tampoco hay truco, porque parece muy fácil...
Y, verdaderamente, lo es."
¿Qué os parece? He creado mi propio tenderete ambulante, mi propia trastienda invisible de cajas amontonadas en vertical de un líquido que no se evapora, que sólo sabe solidificarse. El cariño llegó a mi local defectuoso tras el largo viaje desde Loss (La pérdida); porque en la Academia de Magia para Materia No Viva no logró superar el examen de disolución-desaparición. Creo saber; sin embargo, por qué le permitieron venir al mundo de los humanos: creyeron que un cariño sólido podía hacer más que un cariño que se autodestruyese por momentos. Claro, supongo... Lo que no sabían era que, ya queriendo o no, si no se destruye a sí mismo, el cariño acaba destruyendo alguna otra cosa.
Y ésta vez, por ser la dueña de la única tienda en la que caben tantas cajas de cariño defectuoso, me ha tocado a mí ser la elegida.
Quizá no tenga opción. Quizá esté condenada para siempre a vender estas estúpidas y malditas cajas a cambio de baratejas e inútiles palabras, quizá tenga que observar día a día cómo la gente se detiene, curiosa, a leer mi cartel; otra nueva forma de venderme que yo no pedí. A lo mejor, en esta vida que me ha tocado, no tengo más función que sonreír cuando un cliente se apoya en el mostrador y me dice lo guapa que voy vestida; y obedecer cuando se me pide con fingida cortesía una caja de ese pigmento único y mío que se anuncia a la entrada. O puede ser que esté atada de pies a cabeza por una cuerda invisible que tira de mí cuando alguien se lleva mis cajas, tras darme un beso y sonreír y acariciarme la mejilla y darse la vuelta para no mirar atrás; y que me aprieta más en vez de liberarme, con una simple conversación que vaya más allá de la miseria que, a voluntad, ofrecen todos los que pasan por aquí, de la opresión que siento en el pecho al estar metida en tal tetraedro, sin aire acondicionado ni agua.
O puede ser (pero ésta es la opción más "remota" de todas), que mis males se traten de un conjunto de todas ésas cosas.
Bien.
Pues me niego a aguantarlo más.
Aquí la dueña de las cajas soy yo, y puesto que está demostrado que la maldita sonrisa hipnotizante de cualquiera de mis clientes logra ablandarme y ceder; haré que, ni queriendo, tenga capacidad yo misma para regalar una sola más de mis cajas. Quedan ya demasiado pocas sin utilizar, sin ser aprovechadas; y dicen por ahí que la escasez es sinónimo de riqueza. Creo que me merezco de sobra esta pequeña muestra de agradecimiento hacia mí misma, representada en cerrar con llave y pestillo desde dentro las puertas del almacén donde guardo mis cajas, para que nadie más pueda hacerme sentir admiradora suya y desdichada por ello a la vez. Quién sabe, puede que jamás logre abrirlo de nuevo. Quién sabe, tampoco nadie puede saber si querré hacerlo o no.
Hoy he salido, por fin, de mi tienda encantada. He roto a patadas el cartel que la anunciaba, y he sentido en mi piel la brisa de la noche dormida. Dormida y sosegada para ellos, y agitada entre sueños para mí. He visto con claridad eso a lo que llaman luna, y reconozco que es lo más hermoso que existe; he recorrido con mi mirada cada atisbo de vacío entre las dulces hojas de los árboles, que cantaban nanas a los pájaros mientras tanto, con la única compañía instrumental del viento. He escuchado en mi cabeza una melodía de escape, algo así, idéntico, a The final countdown. He respirado profundamente y me he llenado de una sensación embriagadora pero un poco triste: la de construir rápida y fluidamente un muro de piedra sobre mi piel y varios fosos alrededor de mi alma, la de cubrir como a una tumba toda mi sensibilidad y dulzura, la de perderme a mí misma por mi propia protección. Quizá suene egoísta, probablemente lo sea. ¿Acaso a alguien realmente le importa? ¿Acaso se tiene en cuenta algo más de mí que mis cajas?
"Aquí tenéis vuestro truco, malditas y queridas alimañas inconformistas:
Os habéis equivocado de persona."
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