No lo entiendo.
He nacido en un mundo herido que deseo mejorar, he sido observada mientras crecía por las calles de ésta, mi ciudad; y he sido una niña como cualquier otra, llena de fantasías y sueños, con un nombre semisumergido en el mar. He conocido lugares encantados realmente hermosos, puestas de sol que me dejaron sin aliento, tengo miles de recuerdos borrosos, y ahora busco comprender lo que siento. No sé cuántas sonrisas fugaces he dibujado bajo el cielo, cual Wendy de cuento hipnotizada; he crecido entre figuras grises de hielo, una venda de arco iris me ha mantenido armada. He sentido la mayor gracia en momentos de tristeza, he amado, llorado, y en todo he encontrado belleza. He disfrutado y descrito el lugar en el que quiero ubicar mi vida, he soñado con volar y explorar, y besar cada herida.
Y sin embargo, entre tanta flor de color llamativo; tanto canto de pájaro y albedrío; tanto humano que, sin conciencia, miente; tanto recuerdo sin importancia y lágrima retenida; tantas vueltas en el laberinto de un tiempo que titubea entre pasado y presente; siento que sigue faltando algo.
Sigue notándose la ausencia de ese hombro en el que llorar; la invisibilidad de esos brazos en los que acurrucarse; la impotencia por la falta de ese cálido beso en la frente; la necesidad de soltarlo todo, de aferrarse a una impecable sudadera y llenarla de gritos, de miedos y suspiros, de disculparse después. A pesar de que lo tengo todo... Lo dejaría todo por ti, querido Gontz.
Ahora formas parte de mi mundo, mi mundo paralelo en el que miles de sombras invisibles se convierten en lo que más necesito, para calmar mi ansia. Siento decirte que algún día tú también desaparecerás, pero tendrás la garantía de llevarte contigo mi agradecimiento. Supongo que he de decirte que te quiero, pero eso me lo sacarás mejor tú con tu primera sonrisa matutina.
Bienvenido, amigo. Ésta es mi vida.
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