Y ya se ha ido.
No me digas que jamás te ha ocurrido. Algo que apreciaste de verdad se marchó de repente y, como siempre, tu subconsciente quiso recordar cada segundo que aquello hubo existido.
¿Te paraste a pensar que te habría gustado repetirlo, pero sabiendo que desaparecería? ¿No te habría gustado vivirlo una vez más, para despedirte?
Las cosas se van cuando menos te lo esperas y cuando ya no hacen falta aunque tú no lo creas. Y aunque no lo parezca, su ida te servirá de algo. El último favor que algo huidizo puede hacer por ti, es marcharse. Si lo superas, te harás más fuerte, y tu vida seguirá su rumbo. Si no lo superas, ya lo harás.
Piensa en tu presente a largo plazo, algo que te esté sucediendo. Un amigo, una experiencia... Si no lo disfrutas ahora y después desaparece, ¿podrás volver a tenerlo? Vive el presente como si no hubiese un futuro, y cuando debas pararte a decidir, recuerda tu pasado para tomar tu propio ejemplo y valorando qué te conviene en un futuro.
Asúmelo: por tu vida pasará mucha gente, que volverá a marcharse. Habrá anécdotas que no puedas repetir más adelante. Habrá objetos que tendrás una vez, y no volverás a ver nunca. O quizá sí... pero no lo sabes, ni hay modo de saberlo. Nunca un día será como otro. Nunca nada sustituirá plenamente a algo.
Como un tren. Tan rápido como tú estás leyendo esto. Mira estas palabras. Tan pronto llegan...
...como se han ido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario