Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Como volver a casa tras un duro invierno...



-Te he echado de menos. 

He vuelto. De nuevo paseo por estas calles que parecen darme la bienvenida a la luz de sus farolas. Puedo sentir que esta tarde ha llovido, el ambiente es húmedo y las hiedras lloran. Será que sigo sin caerles demasiado bien, o que a pesar de nuestras diferencias me han echado de menos. Sea como sea, reparto a pedazos iguales el rastro de mi perfume entre ellas. Un pequeño regalo que les he traído de mi viaje. 
Se agitan, alegres. Parece que les gusta este nuevo oxígeno con sabor a felicidad. Mi mirada se pierde al fondo de la calle: unas siluetas negras, como enfundadas de arriba a abajo en una gabardina color carbón, pasean despreocupadas por la otra acera, en dirección contraria a mí. Me pregunto si serán vecinos, si ellos habrán notado mi ausencia. Si saben cuánto los he añorado yo, a pesar de desconocer sus nombres. Su simple presencia me saca una sonrisa. Siguen ahí, aún no se han marchado, todo parece intacto desde el día en que me fui. Parece indiferente al tiempo que ha pasado. Incluso el mismo gato negro de ojos verdes me espera escondido en el muro de hierba de la esquina de la calle. Sus ojos se iluminan a la luz de la naciente luna que brilla tras mi sombra. Puedo percibir un aire nostálgico, como dudoso, surcando su pelaje. Parece que no me recuerda, pero ha estado esperándome. Quizá olvidase la razón por la que seguía regocijado en el muro. Me acerco hasta él y le acaricio con suavidad la cabeza. 
-¿Qué ocurre, pequeño? Estás frío..., ¿tú me recuerdas?
Como es de esperar, el felino no contesta. Continúo caminando y me sigue, empiezo a pensar que simplemente estaba molesto por haberle dejado aquí. Me adelanta unos pasos, se planta delante de mí y ronronea restregándose contra mis piernas. Le cojo en brazos, ¿cómo he podido pensar que se olvidaría de mí? 

He vuelto, y no pienso volver a irme. "Rrrr..." El olor de su pelaje es agradable, acogedor. La casa está fría, las escaleras cubiertas de musgo y humedad. La luz de la farola tintinea, parece que quiere evaporarse pero no lo logra. La chimenea, ¿encendida? 
-¿Hay alguien? 
Aparece una sombra tras mi espalda y mi corazón se para. La cabeza me da vueltas. La herida se abre de nuevo y mis ojos se inundan. Él. Él, con todo su ser y una mirada triste pero reconciliada conmigo. Sus labios vueltos sonrisa se despegan, escucho un silencio demasiado largo, porque estoy impaciente por volver a oír su voz. 

-Te he echado de menos.

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