25-11-12
Sé que a partir de hoy nada volverá a ser lo mismo.
Sé que debo ser fuerte, que debo hacer lo que él querría que hiciese en cada momento. Sé que debo cuidar de mi madre y de mi hermana, de mi perra, que también, quizá, le eche de menos. Sé que Claudia aún es pequeña, y que para ella será mucho tiempo sin él, que le costará muchísimo; que mi madre es quien debe cargar con todo esto que nos oprime el pecho cada vez que cogemos aire para respirar un calor que ya no compartimos con él y que nos incendia por dentro. Sé que debo cuidar de ambas y dejar de pensar en mí, sé que no será difícil, porque mi cabeza estará ocupada por él. Por su sonrisa, su mirada penetrante que sin querer me susurraba siempre un "adiós" que no quería creerme. Por su voz, por sus ironías y sus juegos de palabras. Por su risa, por su forma de tocar la guitarra, por sus últimos días. Por el peor momento de mi vida. Sé que a partir de hoy todo va a cambiar, que él no me acompañará hasta el altar el día de mi boda, que no verá a sus nietos ni podrá darme más besos de buenas noches. Que no habrá más fiestas como las que él logra hacer en verano, que no recibiré nunca más una carta suya, un mensaje, o una llamada. Que nadie ocupará su lugar en mi corazón jamás, ni ese espacio en su cama. Mi hermana se va haciendo a la idea. Pregunta cosas como: ¿Con quién iré yo ahora al colegio? Sé que lo que pregunta es: ¿Qué habrá en ese hueco que él ha dejado?
Amor, Claudia, amor. Todo el amor que le tenemos, toda la felicidad que él tuvo.
Me consuela saber que logró ser feliz, que por fin ha dejado de sufrir ese dolor palpitante y angustioso dentro de su cabeza. Me mata recordar la última imagen que vi de el. Me duele tocar estas teclas, de un ordenador que no es mío, sino suyo. Me arden los ojos cada vez que veo a alguien llorar, sé que él hubiese preferido que riésemos. Pero a mí misma también me cuesta. Sé que, si ha sido así, es que tenía que serlo. Me duelen los oídos cuando suena el portero de casa, porque lleva la cuenta del número de veces que una cara enrojecida hará brotar mis lágrimas. Me duele todo, me duelen los "lo siento" de mis amigos. Sé que no es su culpa, que cualquiera que me diga algo no me ayudará a nada, pero no voy a enfadarme. Sólo intentan animarme, como yo también haría. Sé que no estoy sola.
Hay una fotografía en la mesilla de al lado de su cama. Quizá para algunos sea algo aburrido leer cómo es, porque voy a describirla; pero sé que lo necesito, porque es la única que consigue captar todo lo que tengo dentro en una sola cosa.
La foto fue hecha con su cámara, supongo que por mi madre. La imprimí un año para hacer una manualidad de clase, un regalo del día del padre. Consistía en un marco de gomaespuma decorado con perlas y accesorios. Escogí esa foto porque era una en la que salíamos los dos prácticamente con la misma cara. Serios, mirándonos. Yo tendría unos seis años, el pelo moreno, recogido dificultosamente en una coleta de la que se me caían todos los pelos por delante de la cara. Era verano, y yo llevaba mi vestido favorito, del que sólo se ve el tirante. Él vestía una camisa de rayas azules y blancas, sobre la cabeza unas gafas de sol. No sabría decir bien a dónde se dirigían sus ojos, pero esa forma de girar la cabeza la vi miles de veces en sus últimos días, cuando, sentado al volante de su coche, la giraba para mirarme a los ojos con dolor, o para darme un beso. En el marco de la foto pone: "Feliz día papá."
La primera vez que miré largamente sus ojos fue un Martes, hará algo así como dos semanas. Yo iba en la parte delantera del coche, a su lado, hablando por whatsapp con el móvil pero con la mente en otra cosa. Mi padre estaba enfermo de depresión, y yo aún recordaba la última vez que lo había estado de esa forma tan grave, ingresado en el hospital. De todos modos, yo no le veía tan mal. No estaba tan mal...
Aquél día me lancé a preguntarle.
-Papá, ¿qué te pasa? -le miré, y él me miró a mí. Vi en sus ojos el cansancio, el modo en que sufría.
Soltó una mano del volante y se la pasó por el pelo resoplando. Me miró un momento.
-Nada, nada, cariño. Estoy un poco enfermo, pero no pasa nada.
-¿Es muy grave?
-No -mentía, aunque yo aún no lo sabía-, no es grave, no. ¿Recuerdas cuando tuve que estar en el hospital?
-Sí. ¿Es tan grave como entonces?
-Bueno, es complicado.
Me vio preocupada, no conseguí mirarle más veces a los ojos a partir de entonces durante tanto tiempo. Fue un día que yo estaba algo triste y frustrada, él me apoyó, comprendí cuánto me quería y cuánto le necesitaba. Me avergüenza no saber qué día fue.
Recuerdo el último beso que le dí, el otro día. Llegué a casa después de dar una vuelta, que yo recuerde, y sin ton ni son, me acerqué y le besé la mejilla. Me salió solo. Él hizo lo mismo.
Recuerdo la última vez que hablé con él, esta mañana. Abrió la puerta de mi habitación antes de irse a trabajar al jardín un rato, y dijo mi nombre. Yo le saludé, sin apenas girar la cabeza, y él se marchó. Se marchó para siempre.
No quiero recordar la última vez que le vi. Juro que soñaré cada noche con ello, o, mejor dicho, que me desvelará; que no podré dormir si esa imagen me revuelve el cerebro. Juro que jamás veré nada peor, y que jamás existirá ningún hombre tan maravilloso como él. Mi padre.
Tiene otra fotografía en su mesilla, en la que aparecemos él y yo un otoño. Yo tendría unos... ¿dos años, quizá? Estábamos en el muelle de Salinas, era un día nublado. La marea estaba baja. Él llevaba puesto un jersey marrón que parece muy abrigado y suave, una camisa azul clara, la barba y la perilla afeitadas y el pelo arreglado y tan castaño como el mío. Qué guapo era, qué guapo es. Con una sonrisa en la cara me tenía cogida de las manos, yo estaba sobre sus hombros, con las piernas bailando a su bola. Por entonces yo era casi rubia. Llevaba un abrigo rojo que recuerdo que tenía una capucha, unas botas negras, unas medias blancas, y supongo que un vestido o una camisa con bermudas del mismo color. Sonreía muchísimo. Siempre fui una niña muy alegre, porque siempre tuve el mejor padre del mundo. Y siempre lo tendré, aquí, conmigo, en mi corazón. Queriéndome cada día más, cuidándome desde donde quiera que esté ahora mismo. Estoy logrando ser fuerte, porque estoy sacando todo lo que tengo dentro, y sé que es lo que él querría. Hoy he abrazado a miles de personas con las que ni siquiera he hablado nunca, a las que jamás he visto, o con las que no sé ni qué tengo en común aparte de a él. Pero es suficiente. Porque es tan grande... Y hablo en presente, porque no se ha ido. Lo que nos une ahora mismo a todos los que aún estamos en esta casa, Su casa, es él, y sólo él. Ninguna relación de parentesco. Nada excepto él. Y como ya he dicho, es suficiente. Hoy no he comido nada, me sorprende que aún sean las siete y media de la tarde, porque fuera se escucha una negrura impenetrable y se ve un sonido que se asemeja al de la lluvia. Huelo un tacto suave que me recorre la mejilla, y toco un olor que despierta mi nostalgia.
He perdido totalmente la cuenta del tiempo y se me ha olvidado el día que es. Mi mente vuela por miles de recuerdos, el aire incendia mis pulmones cada vez que respiro, y sé que mis ojos no volverán a verle más si no es en fotografías.
Soy fuerte, lo sé. Poca gente sería capaz de hacer lo mismo que yo en un momento como este. Supongo que su ausencia siempre ayudó a que me sintiese más protegida, más autoritaria, más responsable, más él, más mi padre. Más Lantarón. Y haré honra de nuestro apellido.
Mi tío llora, ha llamado por teléfono a todos a quienes ha podido. Mi abuela es fuerte, como yo, su frase del día es "con dos cojones, hay que tirar para adelante". Mi madre responde a "¿quieres algo, Gabriela?" con un "quiero a Martín", y llora. No ha descolgado ninguna de las llamadas que le han hecho a su móvil. La gente sube de uno en uno a mi habitación, llamándome "mi niña", preguntándome qué tal estoy, y apenándose por mi. Me hacen caer, y llorar. Ah, y yo no soy "su niña", soy la niña de mi padre.
Si su corazón se ha parado, que se pare el mundo también.
Hola, papá:
Soy Marina, tu niña. Supongo que te preguntarás por qué esta carta no tiene fecha, es simplemente porque es válida para haberla escrito en cualquier día de mi vida. Sólo quería decirte tantas cosas, que no sé si me cabrán todas. Te quiero. Te quiero, te querré siempre, y te echaré de menos en cada segundo que pase sin ti. Jamás te voy a olvidar, jamás sería capaz de hacerlo aunque quisiera. Me encantaría que, estuvieras donde estuvieras; estés donde estés, leyeses esta carta. Me gustaría decirte tantas cosas que jamás te he dicho... Quiero que sepas que, como hija mayor, haré que nuestro apellido siga adelante siempre, y la fuerza que nos une a quienes lo llevamos no desaparezca jamás. Mucha de ella te la debemos a ti, papá. No sé cómo decirte todo lo que me gustaría... Recuerdo tu sonrisa, tu forma de reírte casi inaudible y todas esas veces que jugabas con las palabras para hacernos reír a Claudia y a mí. Recuerdo todos esos momentos cuando he estado mal y tus besos me han calmado, todas las veces que me has apoyado hiciera lo que hiciese. Las que me has tenido que reñir, que sé que eran todas por mi bien. Sé que tu espacio no lo rellenará absolutamente nadie en esta vida, nadie, papá. Porque eres único, el mejor padre del mundo, te lo puedo asegurar incluso sin hacer comparaciones. Por darme la vida, por hacerme feliz, sé que tengo que ser fuerte, por ti. Sé que debo seguir adelante, por ti y por todo lo que has hecho en tu vida. Sé que no encontraré jamás ninguna explicación a todo esto. Has sacado miles de sonrisas, has despertado las mejores sensaciones en muchísima gente. Todo el mundo te quería y todo el mundo te quiere, papá, ninguno que te conociese lo olvidará en la vida. Yo he sido una egoísta, y sólo ahora me doy cuenta de todo lo que has hecho por mí, y las pocas veces que he sabido devolvértelo todo. Esta carta es un modo de darte las gracias, y de pedirte perdón.
Aún te siento aquí, conmigo, como si no te hubieses marchado. Se nota que la realidad aún no me ha golpeado del todo, cuando lo haga, sé que por espacio de al menos un día, me quedaré inconsciente. Tengo en la mente tantos recuerdos tuyos, y tan únicamente nuestros, que prefiero guardarlos para cuando te hable por las noches. No tengo muchas palabras ya, o... más bien, no sé cómo sacarlas. Tu estrella jamás dejará de brillar, papá; y si tu corazón ya no funciona, yo te guardo un sitio en el mío.
Cariñosamente, tu niña, que te quiere,
Marina.
no te voy ha mentir diciendo que todo está bien, tampoco pienso crearte falsas esperanzas sobre una esperanza inalcanzable, no me gusta mentir, no me gusta mentirte. Ya lo sabes.
ResponderEliminarLa realidad en algún momento nos devora, nos devora con tanta ferocidad que caemos de espaldas muertos de miedo, Esta vez tu caes de bruces Marina, no te puedo asegurar que tus heridas se curen, que olvides,que todo vuelva a la normalidad. No lo hará, no lo hará nunca. Nunca se me dieron bien las palabras a si que solo diré que todo pasa por algo que a lo mejor debía ser así. Que es terrible, horrible. Pero que ese horrible me incluye a mi también porque yo no pienso dejarte sola, nunca, jamás. Eso si puedo prometértelo. te enseñé a ser fuerte, más delo que ya eras de por sí, utilízalo.
Ann, o lo que queda de ella.
Ann, esta vez no hace falta mentir, ni decir ninguna verdad. Simplemente es mejor que corra el silencio por nuestras venas y al llegar a nuestros oídos, el viento traiga algún susurro de su voz. Sé que lo peor no ha pasado aún, sé que ahora es el principio de la decadencia. Pero no hay decadencia sin época de gloria, ¿verdad?. Soy fuerte, soy fuerte y por él puedo hacerlo. Por él, por mi hermana y por mi madre. Por mí, preferiría que se parase el mundo, pero sigue; y, al igual que habría hecho el, no voy a dejar a nadie solo por un simple ataque de egoísmo.
EliminarMuchas gracias por todo, sé que te necesitaré más que nunca antes. Si a veces no sabes qué decir, a mí con que estés me basta.
Marina, arropada en la mirada perdida y triste de Martín.
Ya te lo he dicho, llama, da igual la hora, el momento, el lugar, responderé. había pesando invitaros este finde a Marcos, Iván y a ti a casa para tomar un chocolate y hablar.
EliminarLlamaré, siempre que lo necesite, te lo prometo, y muchísimas gracias por todo, de verdad. Me encantaría, pero aún no sé qué haremos, quizá acompañemos a mi abuela hasta Asturias, no lo sé. Te avisaré en cuanto sepa algo, te quiero mucho.
EliminarEntendido, y como esta semana ya acabo los exámenes la siguiente puedo ir a tu casa o tu a la mía cuando quieras, o hacer los deberes juntas o ayudarte en casa o lo que sea. Te quiero mucho .
EliminarEstamos seguros que en la mente de tu padre hay una neurona viva con tu nombre.
ResponderEliminarCuenta con nosotros para lo que necesites, que para eso estamos aqui.
Si tu mente y tu cuerpo se cansa, tu corazón te dará la fuerza necesaria para seguir adelante.
FUERZA.
Recuerda cada uno de los momentos vividos con tu padre, pero hay que mirar hacia delante.
Ten fé en ti misma.
Mira al pasado y verás a tu padre, pero mira al presente y estará junto a ti.
No olvides como era tu padre, sonrie como el quiere que sonrias.
SIGUE ADELANTE Y CUENTA CON LA AYUDA DE DIOS Y CON LA AYUDA DE CADA UNO DE NOSOTROS: TUS COMPAÑEROS Y AMIGOS DE SEGUNDO DE LA ESO.
¡TE QUEREMOS¡
Yo... simplemente no sé qué decir, aunque siempre se me han dado bien las palabras, a duras penas sabré agradeceros todo lo que estáis haciendo por mí. Sé que seré capaz de superar esto, por toda la ayuda que me dais todos y por toda la fuerza que ha dejado él en mi corazón.
EliminarJamás olvidaré mi pasado junto a él, porque me ayudará a tomar las decisiones del presente y a crear con ello el mejor futuro para mí y para todos. Es de lo que va este curso, ¿no?
Tengo toda la fe puesta en el presente (que incluye muchas cosas), para que me ayude a seguir siendo fuerte y a cuidar de mi hermana y mi madre y hacer que llevemos esto lo mejor posible. Haré todo lo que él querría que hiciese, para que se sienta orgulloso de mí.
Muchísimas gracias por todo, de verdad, sois todos maravillosos y geniales, os quiero muchísimo.
Marina GRACIAS POR ESA FUERZA, POR SER COMO ERES, para mi eres un gran testimonio, gracias por compartir contigo tu vida, por dejarme entrar en tu corazón. Quiero que sepas que estoy contigo, que estaré a tu lado y que juntas caminaremos y apoyaremos. CUENTA con mi cercania, cariño. te quiero y agradezco a DIOS el haberte conocido par ami eres un regalo y un gran testimonio...
ResponderEliminarTE QUIERO
Tu tutora ISABEL
Muchas gracias, Isabel, por todo lo que me ha dicho, y por esas palabras que siempre dice en clase de que sin fe no podemos superar las cosas así, las he tenido muy en cuenta estos días y me han ayudado mucho, al igual que usted y todos mis compañeros, amigos y familiares. Estoy segura de que él se fue con el corazón a rebosar de nombres, y de que cuando me suceda a mí, entre ellos estará el de usted. Muchas gracias por todo su apoyo y cariño, es una persona maravillosa de veras. Deseo que Dios la acompañe siempre, y yo también la quiero a usted.
EliminarTus compañeros de clase 2º A ESO te queremos y estamos contigo. Gracias por esa fuerza que nos transmites.
ResponderEliminarMuchísimas gracias a todos, sois unas personas maravillosas, la verdad es que no me lo esperaba y me estáis haciendo sentir muy acompañada, gracias a vosotros sabré seguir fuerte y llevarlo lo mejor posible. Os quiero muchísimo, de verdad.
EliminarAnimo MARINA que como tu dices "El mundo sigue" y ya se que este es un comentario mas de los cientos que has recibido estos días pero quiero que sepas que cuentes conmigo que cuando yo perdí a mi abuela el año pasado sentí lo mismo por eso te digo que se supero SIGUE ADELANTE tu amigo y compañero Alejandro Blanco que te quiere
ResponderEliminar