Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Satanás en su piel

Y lo intento, y lo intento, y lo sigo intentando.
Y no puedo, y desisto.
Pero de repente las fuerzas, como una palanca que quiere levantarme después de caer pesadamente contra el suelo, vuelven; y con ellas las falsas esperanzas, esas que día a día me matan.
Y pasa un minuto, y me pregunto: ¿De verdad merece la pena, si luego todo acabará? Y no creo en mí misma, y me confundo continuamente. No hago lo que me gustaría hacer, por muchas ganas que tenga y, creedme; que no es nada fácil resistirse a besar a alguien a quien tienes a tu lado, muy pegado a ti.
Satanás me visita un solo minuto, vestido con su piel, me tienta a hacer algo que sé que no puedo hacer, y creo (como dije muchas veces, no soy perfecta) que acabaré dejando de oponer resistencia en su contra.



"Satanás en su piel...
Es demasiado peligroso, amor,
deja de doler...
Tus tentaciones, como el edén;
aléjate de mí... ¿Qué acabará bien?
Ahora acércate, y muy lento, bésame..."







Y pasa otro minuto, pegada a la tentación, y me acerco más, no resisto. Y pienso: Voy a ser feliz, llegará mi momento. Y me alegro, y doy saltos, hago el loco un rato, y sigue ahí. Satanás en su piel. Pero ahora parece más bien el cielo delante mío. Y, ¿a quién no le han dado ganas nunca de coger el cielo con las manos?

Éste quizá era alcanzable, pero no mío.

Una nube tapa el cielo de repente y un trueno le sigue, las gotas comienzan a empaparnos poco a poco y hace algo de frío. Pregunto por lo que menos me apetece oír hablar, pero pregunto igual. ¿Qué más da? Siempre he tenido las emociones a flor de piel, fueran las que fueran, ¿porqué no aflorarlas más?
La tormenta pasa lentamente delante de mí, y me dan ganas de aprovechar la lluvia. Giro, y giro, y giro bajo ella; estoy empapada y, ¿qué más da?.
Pero ahí sigue, Satanás en su piel, de cada dos minutos que yo sufro y sonrío él se hace más fuerte y la tentación más grande. El corazón se me acelera cada vez más y más, mi cuerpo no responde, y ahí está. De nuevo Satanás.
Él sabe lo que ocurre, es terriblemente horrible, lo peor es que me obliga a sufrirlo y parece borrar los recuerdos después de otros dos minutos, en los que yo ni sonrío ni sufro, sino que soy una estatua de hielo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario