Si la semilla que plantas da flor, te ilusionas, por supuesto. Si ves que florece algo bonito, sientes que has hecho algo bien. Pero no todas las flores permanecen, muchas perecen, y en muchas ocasiones te sientes como si a pesar de haber creado algo bonito, eso fuese frágil. Pero nada bonito es frágil, siempre hay alguna raíz desviada que penetra en otros corazones y siembra un nuevo campo de amor... Y ahí es cuando tu semilla no ha dado sólo flor, sino que también ha dado fruto. Has creado un convencimiento, has reinventado un nuevo camino, has descubierto una América y lo mejor es que no sólo es bonito, sino que se reproduce. Allá donde siembres fruto habrá un nuevo campo que dará su propio fruto. Ahí y entonces puedes sentirte orgulloso, porque has creado algo que crecerá en mayor o menor medida con cada cosecha, pero siempre será irreversible, y eterno.
viernes, 13 de diciembre de 2019
miércoles, 20 de noviembre de 2019
Arañas olvidadizas.
Que todo penda de un hilo, pero tú no lo puedas saber.
Que el hilo se rompa, que tú te sorprendas, que lo entiendas y lo intentes reparar.
Que tejas otra tela y lo olvides.
Que todo penda de un hilo, pero tú no lo puedas saber.
Que el hilo se rompa, que tú te sorprendas, que lo entiendas y lo intentes reparar.
Que tejas una tela más fuerte y lo olvides.
Que todo penda de un hilo, pero tú no lo puedas saber.
Que el hilo se rompa... Que tú te sorprendas... Que lo entiendas... reparar.
Que tejas... y lo olvides.
domingo, 20 de octubre de 2019
Nostalgia y pertenencia.
Cuando aprendes a adaptarte con facilidad a los cambios, es fácil no dejarte acostumbrarte a nada.
Te ahorras la nostalgia.
No dejarte ponerte cómoda, no llevar el pijama, no permitirte sentirlo un hogar.
Por eso yo me acostumbro, lo hago mío:
me encariño con el espacio, los muebles, los olores, las luces y los sucesos.
Dejo que sea una pequeña o una gran parte de lo que es un hogar para mí, y el espacio me devuelve el sentido de pertenencia.
Y cuando todo cambia,
pues claro que cambia,
me adapto al cambio, pero llena de nostalgia;
queriendo casi abrazar cada objeto o cada pared, mirarlo por última vez antes de empezar a sólo recordarlo,
como si tuviera alma.
Y a veces me acuerdo de la ventana, del ventanal o del balcón,
y me acordaré de la terraza,
y otras veces me acuerdo del edificio gris y los molinillos de colores, o de los tejados de las casitas bajas del barrio pobre,
y me acordaré del patio bocabajo de la luz nublada...
y sentiré nostalgia
y pertenencia.
sábado, 12 de octubre de 2019
sábado, 28 de septiembre de 2019
Para mí, todo aquello que ha sido parecido a un sueño en mi cabeza y que se ha cumplido con la suficiente similitud guarda un componente en común: más que ideas abstractas o planes de futuro eran imágenes, visiones clavadas en mi mente, expectativas de cómo podrían darse ciertas situaciones. Muchas parecían ser eternas en el tiempo, aunque cuando he podido vivirlas, las he reconocido como aquéllos sueños tan sólo por un segundo, un segundo en el que la imagen de mi sueño encajaba a la perfección con la imagen de mi realidad. No son Dejá-Vu, aunque se les parecen; son visiones que estás completamente seguro de haberte imaginado antes, porque aún recuerdas la pasión que sentías por esa expectativa tan sólo formándose en tu mente. A veces, se han disfrazado de ilusiones que han fallado miles de veces antes de que pudiera descubrir que no es que no fueran factibles, sino que en esas situaciones no era el momento ni estaba con la persona adecuada para que mis sueños se cumplieran. Pero siempre se llegan a cumplir, no se eternizan, y nunca son exactamente como te los imaginas; pero te hacen sentir ilusión, como si todo fuese posible. Sientes que estás donde quieres estar, donde siempre has querido estar, donde tienes que estar.
Anoche cumplí un sueño, hoy siento que he cumplido otro...
sábado, 20 de abril de 2019
sábado, 30 de marzo de 2019
viernes, 29 de marzo de 2019
Bajo mi opacidad III.
Ya no llueve. El cielo aún tiene parches grisáceos esparcidos aquí y allá, pero al fondo del terreno que hace un momento también era gris y ahora muestra un verde vivo soy capaz de distinguir una enorme linterna de luz amarilla. No sólo ya no llueve, sino que está descampando.
Oigo un gruñido lejano pero grave a mi espalda y doy media vuelta sobre mí misma. Aún soy capaz de escuchar mis jadeos, pero siento una fuerte energía. Puedo observar a los soldados de espaldas, que se levantan en sus armaduras, todos ellos volviendo sus rostros hacia la fuente del sonido. Me siento responsable de lo que acaba de ocurrir aquí, y con un sentimiento de grandeza observo cómo van derrumbándose, poco a poco y como a cámara lenta, todas y cada una de las piedras que componen, o componían, el fuerte. Está cayendo. Lo está haciendo... Y lo más sorprendente es que lo que deja ver a través parece sencillamente hermoso y, singularmente, más fuerte incluso que el propio muro que lo aguardaba. Respiro con profundidad, y cierro los ojos para sentir la brisa. Ahora es cuando soy capaz de percibir cada milímetro de mi piel.
-------------
Siento que he estado aletargada mucho tiempo. Como si en un principio fuese a tomarme unos días de descanso, y luego la coraza que me protegía se congelase de repente. Siento que he pasado tanto tiempo ahí dentro que he olvidado muchas cosas del día a día, muchos detalles... Sobre todo, cosas sobre mí. Pero poco a poco, mis esfuerzos desde dentro por salir y los de aquéllos que, ingenua y desinteresadamente, han colaborado en el deshielo, están dando sus frutos. Veo cómo cae la coraza, veo la armadura deshacerse como si nunca hubiese sido tan dura, y veo que de mi pecho empiezan a asomar florecillas, tímidas, pero preciosas. Ya no me asusta preguntar, no me asusta sentir, no me asusta contar, no me asusta mostrarme. Me gusta mostrarme. Me gusta ser recibida y atreverme a darme.
Si antes aprendí a ser fría, y pedí auxilio porque me asfixiaba sin sol... Luego obtuve un sol particular, y la armadura se resquebrajó. Algunos trozos cayeron, poco a poco, como desfilando, y era consciente. Pero ahora he sentido el derrumbe. He sentido un terremoto. Y me he visto salir, crecer, enseñarme y me he visto más segura que nunca.
Ésta es mi ciudad, de puertas abiertas en par en par. Ésta es mi casa, quédate cuanto quieras. Ésta es... mi habitación, donde hay secretos que ni yo conozco... Y ésta, soy yo.
jueves, 14 de marzo de 2019
lunes, 4 de marzo de 2019
Mi mente es reincidente.
Ay, cómo me cuesta callarte. ¿No te cansas de ronronear? Deja el tema tranquilo, dale tiempo, ya pasará. ¿Ves? Estás más tranquila... ¿Qué?... ¡Pero no vuelvas a hacerlo! Cada vez que repasas la película le cambias la versión, deja de jugar al teléfono estropeado tú sola, no tiene sentido. ¿De dónde viene esa información que te inventas y añades? ¿O es que te aburres? Venga, habla de otra cosa. No sabes. Tampoco dejas espacio entre palabras para que dé tiempo a que te conteste. ¿Por qué no dejas el tema latente, por qué no esperas? Impaciente. Hay respuestas que llevan su tiempo. ¡Así, bien! ¿Has visto qué bonito está el día hoy? Ahora sí, suenas como si te apeteciera pasear...
lunes, 21 de enero de 2019
"Se acabó".
Soy capaz de recordar ese sentimiento con tanta vividez que casi me parece como si me lo estuviesen inyectando en un espacio entre la piel y el interior de mi cuerpo que me rodea la silueta entera. Me recorre las esquinas y me impregna el espacio intersticial de pérdida, de abandono y de inseguridad.
Incluso sin haberlo vivido de la misma manera, incluso sin que nadie me dijese a mí nunca "se acabó". A veces lo dije yo. Otras veces lo dijimos ambos. Y aun así, revivo esa sensación con claridad y se revuelven las entrañas de mis actuales sentimientos para enseñar otra cara. Si esto dura mucho, estoy segura de que me confundirían.
Recuerdo cómo duele de repente verse de nuevo solo, y tener miedo porque te han soltado las cuerdas del columpio. Te ves desprovisto de toda la luz que te daba una persona, te encuentras a oscuras de repente, y es como si de un golpe lo disfrutado con ella se volviese de mentira porque no vaya a volver a ocurrir algo parecido. ¿Tanto has querido ver, que no has visto nada?
Entre lo que más duele, está el ver las ilusiones hechas añicos. Y si miras en tu recuerdo su sonrisa, entonces no entiendes nada. Ver la burla al volver a ese momento y ser consciente de que ahora te provoca llanto, y sentir cómo la tensión que había en tus mejillas ahora es humedad. ¿Tanto has dado, para nada? ¿Tanto has sentido y tanto has estado dispuesto a sentir, para que de sopetón todo desaparezca?
Recuerdo no entender qué hace que la base rígida y las alas de pájaro que te daba el columpio de repente se rompa. Qué hace que un segundo sientas que puedes confiar, y al segundo siguiente sólo puedas confiar en que la confianza no existe, en que todo se rompe. En que estás solo, y en que tienes la obligación de crear momentos de gloria para ti mismo. También es un momento de reencuentro, pero no es un reencuentro deseado. Mi yo me dice "Ahora tengo que cuidarte, pero ¿ya estás de vuelta? Quiero no tener que ser yo otra vez". Pero otra de las cosas más dolorosas es no tener un botón que apague el rincón del corazón donde se encuentra esa persona.
Sin querer, inevitablemente, lo hayas dicho tú, lo hayáis dicho ambos o te lo hayan dicho a ti, un "se acabó" supone una caída pronunciada ya no sólo de tu ánimo, sino, más importantemente, de lo que sientes con respecto a esa persona.
Pasa de ser amor a ser nostalgia, de ser presencia a ser falta, de ser amistad a ser rabia.
Si tuviéramos un botón para apagar el corazón como a nuestro alrededor algo se apaga, la imagen quedaría congelada, el amor sería infinito, y no existirían la pena, la falta ni el valor. Tampoco existirían el arrepentimiento, el autoconocimiento, ni la reflexión.
Recuerdo ese sentimiento con la sensación de tener algo clavado en el pecho; y, antes de cerrar los ojos y recordarme caer, aún me da tiempo a pensar que es de las cosas más importantes que he sentido jamás.
domingo, 6 de enero de 2019
(Boca) agua.
Qué ganas tengo yo de decirte cosas tan llenas de amor. Se me hace la boca agua de tu inmediato recuerdo y tus estragos en mi cuerpo. Aún huele a nosotros, me mantengo despierta velando tu dulce marcha.