En la vida de toda persona se dan situaciones difíciles. Condiciones sobrevenidas, enfermedad o pérdida, que se convierten casi sin remedio en el contexto de un cambio importante. Muchas veces son el desencadenante, pero me atrevo a decir que, en ninguna, la propia condición es mínimamente responsable de hacia dónde se da el cambio. Hemos suprimido la dependencia total de esos imprevistos sobre nuestros actos gracias a ser seres conscientes; gracias a poder reflexionar sobre cómo proceder y las consecuencias de cada acción... Y por eso nadie puede refugiarse en sus problemas como razón o motivo por el que se ha tomado una mala decisión. En ningún momento habremos dejado de ser libres para elegir la opción más correcta, aunque no fuera perfecta; ni se nos habrá obligado a lo contrario.
¿Qué cuesta reconocerlo?
Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.
domingo, 4 de noviembre de 2018
Libres para decidir a qué consecuencias condenarnos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario