Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

sábado, 24 de junio de 2017

Pienso luego siento.

A veces vale más pararse a pensar antes de sentir, o en mi caso, dada mi tontez o no-capacidad-para-autopredecirme, pensar después de haber sentido que mis sentimientos van por mal camino.
No puedo olvidarme de que has estado priorizando mis caprichos, mis gustos y mis necesidades durante todo el año; apenas viendo tú a nadie, abriéndote para conocer mi mundo mientras yo sufría introspección hacia mi pérdida. Ahora es tu momento, el momento de que disfrutes, de que te reencuentres tanto con todas esas personas a las que apenas has visto durante el año como de que te reencuentres contigo; ahora es el momento de que me cuentes tus caprichos, tus gustos y tus necesidades y es mi momento de hacerlos realidad y de darme cuenta de que me has enseñado así a ser menos egoísta. Así que dejaré de preocuparme, de tener miedo de todo, especialmente de estar sola; puesto que cada segundo conmigo me brinda también a mí una oportunidad de reconocerme tras un duro periodo de olvido. Así que tiene usted razón, bicho sabio que parece no haber vivido mucho y aun así conoce toda lección.

También se me ha ocurrido pensar que no hay nada que temer. Si confío, ya no sólo en ti sino en nosotros, sé que no habrá decepciones. Y la verdad, es lo único que soy capaz de pensar cuando te miro a los ojos: ese sentimiento de confianza, de agarre mutuo, gratuito, altruista, completamente desinteresado y, fundamentalmente, uno de mis pilares.

Que no hay quién lo destroce.

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