Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

sábado, 27 de mayo de 2017

Deseo no soñar en voz alta.

Tengo la costumbre de soñar. Siempre, desde muy pequeña me he imaginado escenas, momentos e incluso sentimientos; y he soñado, o deseado, llegar a vivirlos alguna vez. Se trataba de imágenes imposibles de olvidar, a pesar de la facilidad con que se pudieran esfumar otros muchos pensamientos... Pero éstas siempre han perdurado. Con el tiempo, muchas se han cumplido; y aunque no de forma exacta a como aparecían en mi imaginación, sí de forma igualmente satisfactoria. ¿Pero a quién podría decirle que he dejado de soñar o que he cumplido todos mis sueños? Con el tiempo y una mayor madurez aparecen nuevas imágenes, nuevos deseos y nuevas ganas e ilusiones por lanzarme en su persecución... Aunque tratarlos, hablar de ellos, no ha dejado de ser igual de imposible que antes. No soy supersticiosa, pero creo que la magia que contienen los deseos antes de cumplirse reside en su naturaleza como, simplemente, ideas; y no como algo material o tangible como lo son las palabras.
¡Pero oh, dios mío, qué irremediables ganas tengo de gritar mi imagen a los ocho vientos...!

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