Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

lunes, 1 de mayo de 2017

Bésame en un beso entera.

Estaba pensando en besos.
Se me han pasado por la cabeza los besos tranquilos, esos besos cómplices intercalados en conversaciones como intervenciones de palabrería, pero mucho más cargadas de sentido, o mucho más vacías. Me he imaginado los besos en el portal, los de despedida, que siempre terminan alargándose con otro más; aunque menos sabroso porque se ha iniciado la marcha. He pensado en los besos traviesos, los besos por jugar, los besos por besos, robados en momentos prohibidos como cuando dos profesoras hablan; besos torpes. Y en los besos inesperados, como aquél en el que te adueñaste a tu gusto de mi boca, a tu merced; mientras yo tardaba varios segundos en entender qué había trastocado mis sentidos y por qué tenía la boca entreabierta. Han zigzagueado por mi mente, también, los besos húmedos y suaves en los que me concentro en sentir y seguir tus labios en cada una de las posiciones que adoptan y cada uno de los movimientos que me embaucan. Tenemos tantos tipos de besos... Pero, oh, ¿qué hay de esos besos, esos que te hacen sentir que no hay un sólo milímetro en ti que no esté siendo besado?

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