Tras acompañarla, abrazarla, llorarla, escoltarla hasta la parada y hacer de nuevo otro tanto de lo mismo; la vimos subir al taxi y despedirse a través del cristal semi tintado; y poco a poco, uno a uno, fuimos separándonos en el camino de vuelta a casa, llevándonos en el puño el corazón y habiendo limpiado los recuerdos de negruras. Al final sólo quedamos individuos, tal y como cada uno éramos y con una jornada más a la espalda; ya en nuestras casas y calentitos, siguiendo nuestros rituales y rutinas como si se hubiese tratado de un día cualquiera, con el propósito de alcanzar el día nuevo.
Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.
sábado, 15 de abril de 2017
Limpios.
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