Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Eres magia.

Toco el tiempo inexistente que se expande intocable, aquí y allí a la vez.

Estoy aturdida, desenfocada y vagando por el tambaleante espacio visual de un observador mareado que me ve doble. Espera, ¿estoy aquí, o a mil kilómetros de distancia? Aún no me creo que verdaderamente te toque cuando lo hago.
Siento la inminente necesidad de gritar magia encerrada en palabras, pero los soplos de inspiración se encierran en el subconsciente de mi mente saturada de los momentos que guardo contigo. Un instante fotografiado en mi memoria sin necesidad de un visor: solos tú, yo, tus besos y las estrellas. La forma antagónica dual de tus labios, que poseen y encierran el bello arte de ser a un tiempo mi brisa y mi éxtasis. El color de ese punto de tu cuello del que me he quedado prendada y al cual siempre recurro para esconderme. El olor de tu boca cuando exhalas imperceptiblemente en el momento previo a rozar la mía.

Siento la inminente necesidad de encontrarme más cerca, cuanto pueda más cerca de ti; y es que, ya te toque, te acaricie o ejerza presión sobre ti, todo me resulta imposible. Se me olvida acordarme de que tengo todo el tiempo del mundo para romper el espacio entre partículas negativas, y no recuerdo así que cuanto más haya de desear rozarte, tanto más tiempo tendré por delante.

Eres la probabilidad de haber entrado por ése poro, la certeza de haberte expandido y la teoría de haberme inundado. Te mueves a velocidades infinitas, yo no puedo perseguirte, deformas el tiempo y lo detienes en mis diminutas partes y sabes cómo hacerme eterna. Estás aquí, y eres materia; y a la vez un motor de expansión dentro de mí que predica ondas por mi pierna.

Dime, ¿acaso no te dotas de la magia de las partículas? Dime, ¡qué más bello hay que eso!

No hay comentarios:

Publicar un comentario