Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

domingo, 9 de febrero de 2014

Eses.


Inviernos.

Inviernos fríos, largos, nevados, helados, productivos, vagos, soleados; simplemente inviernos.
Pequeños cruces entre cables ya entrecruzados, alocados impulsos vendidos en tiendas de locuras impredecibles. Descripciones frías y sensaciones oscuras, corazones descorazonados e imágenes luminosas. Ondas de sonidos suaves, olas de aguas serenas, fuertes vendavales y lluvias inundadas, mentes evadidas, estancadas, malhumoradas, o de alegrías intensas. Eses susurradas, resbaladizas, constantes, repitiendo los inviernos plurales, incesantes, continuos, amenazantes. Líneas de suelos aguados, empapados de amaneceres coloreados con las pinturas de niños inocentes y sonrientes como dibujos relucientes en mundos de tragedias. Mentiras reveladas, decepciones aumentadas, niveles bajo subsuelos húmedos e infinitos hacia inframundos jamás imaginados. Sueños intensos, paralelos, distanciados de realidades fugaces, pasajeras, viajeras, burlonas. Apariencias engañosas, animales de sombras escondidas en bosques cantantes, giratorios, hambrientos de vientos feroces e ironías descubiertas; muecas graciosas, absurdas; canciones e inventos; tiovivos cansinos, incontrolables; más eses locas, confiadas, despiertas, dormidas, zigzagueantes, exasperantes. Batallas de curvas rectas, maléficas, chillonas, hipnotizantes, contra constelaciones de estrellas pequeñas, curiosas, risueñas, brillantes. Espadas de dudas envenenadas e historias perdidas, ciencias antiguas y fórmulas modernas, lágrimas precipitadas y ríos de sangres tibias. Brisas de polvos negros y magias ocultas, letras, cuadernos, nubes, miradas...

...y soles espléndidos.


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