Bienvenido, una vez más, querido lector; a éste, mi pequeño y pasional mundo en el que sumerjo mis manos y mi boca para deleitar de la mejor forma posible con palabras:
Ésta será una entrada un poco diferente de las demás. El leve cambio estará en que me dirigiré a ti, a vosotros, a quienes me lean; para daros las gracias y contaros uno de mis mayores secretos. ¡Qué menos, con todo lo que hacéis por mi con cada visita que sumáis al contador!
Como ya he dicho innumerables veces en muchas de las entradas que publico, éste blog es para mi como un recóndito paraíso lejano de la superficialidad del mundo, en el que sólo me encuentro yo, mis sentimientos, un montón de personajes fantásticos y magia, y todo producto de las mortíferas alucinaciones que la risa en excesiva medida suele provocarme. Es como mi escondite, mi baúl de los secretos, al que le cuento todo sin necesidad de mover los labios confiando en que los protegerá escondiéndolos bajo las vísceras de su propio corazón. Que, en éste caso, es un corazón de papel.
Y ahora os preguntaréis: las cosas que escribo, ¿son ésos todos mis secretos? Para nada. Pero nada de nada. No os podéis hacer una idea de la cantidad de lágrimas, sonrisas y reacciones inesperadas que expresan las entradas que guardo entre los borradores, como si fuesen los bocetos de una monna lisa triste, otra enfadada y otra perdidamente enamorada.
Bueno, al grano, que como ya sabréis, escribiendo casi siempre me voy por las ramas...
Quería daros las gracias. Sí, a vosotros, a los que alimentáis mis ganas de seguir escribiendo, a los que me dais esa fuerza para expresarme cuando ni siquiera me comprendo a mí misma. A los que gastáis vuestro tiempo en comprender mis palabras que, probablemente, muchas veces sean insignificantes; a los que os metéis en mi piel y os sentís como yo con el simple hecho de leerme. A los que, si les pido de repente que le echen un vistazo a éste recoveco de mi alma, lo hacen con gusto; a los que me piden a menudo la dirección para sumergirse un poquito más en mi interior. A todos los que estáis leyendo esto; a todos los que no han leído nada, pero que, aunque no lo saben, lo harán; a todos los que disfrutáis de cada tilde, cada coma, cada palabra y cada sentimiento que pretendo expresar con la mayor fidelidad de la que me creo capaz.
¿Y por qué os doy las gracias? Por ser esa prueba palpable de que los sueños se pueden hacer realidad, de que aún existen humanos con una parte sensible en su interior, de que todavía queda alguna esperanza para la mejora de éste mundo que, por falta de demasiadas cosas aparte del dinero (quizá incluso la escasez de éste sea el menor de los problemas) está hecho una realísima mierda. Porque un gesto tan simple como el aumento en uno de la cuenta de las miradas que ven ésto puede significar más cosas de las que todos piensan.
Quizá otra de vuestras curiosidades sea la causa por la que escribo tanto sobre los sueños. Desde pequeña he vivido siempre en mi propio mundo de fantasía y magia en el que los peluches daban clase y me hablaban desde la esfera de un reloj de madera encantado; en el que las princesas se escondían entre los capiruchos de Semana Santa de un boceto a lápiz para evitar ser condenadas por la profesora a desaparecer de un plumazo de goma de borrar; en el que las mariposas eran tan grandes como casas y tenían picos de pájaro (¿o eran pájaros gigantes provistos de alas de mariposa?); en el que las canciones de patitos que iban a la ciudad eran mi propia nana y en el que cada noche, en mi cama, me inventaba una nueva historia para representarla teatralmente a retortijones bajo las sábanas antes de dormirme. Y durante toda mi infancia y mi adolescencia (o como queráis llamarla) hasta ahora siempre he tenido un sueño, una meta... pero una meta demasiado perfecta. He aquí mi secreto:
Mi sueño siempre ha sido encontrar el amor, una persona que me
cuide y me quiera, que me respete, que sea divertida y madura, alegre,
romántica y capaz de hacer cualquier cosa por amor... No sé, podría pasarme
horas diciendo adjetivos para designarlo, así que no debe ser nada fácil de
encontrar... Pero me explico mejor contando cómo es la imagen que me hago de mí
cumpliendo mi sueño: Él y yo, tras un día romántico (con romántico me refiero a
un día de escapada matutina, de paseos entre flores, de vestidos, de cosquillas
bajo la seda, de helados, de risas, de libertad, de besos, de deseos, de
ilusión, de caricias, de miradas, de palabras hermosas, de imágenes que se te
graban en la mente como fotografías, de playas, de huellas divertidas
persiguiéndose sobre la arena, de pieles mojadas en el agua salada, de promesas
que serán cumplidas, de cabellos alborotados, de sonrisas, de largas carreras
hacia un horizonte desconocido persiguiendo el sol del atardecer a través de un
campo verde y florecido en primavera, de amor), agotados, tumbados a la
interperie en un cabo a contemplar los susurros de la luna y el brillo de las
estrellas, a contarlas y ponerles nombre como si fuesen nuestros hijos, a
amarnos bajo un mar de galaxias, a observarnos atentamente a la luz de la magia
y a quedarnos así, eternamente...
Y es mucha fantasía, diréis algunos; algo demasiado perfecto
para existir en éste injusto mundo. Pero es mi sueño, y no voy a dejar de
buscarlo, por muy imposible que parezca. Y si os preguntáis qué ocurriría
después de esa noche, me gustaría llevar una vida de familia con esa persona,
crecer, madurar y envejecer junto a ella, criando a nuestros hijos, viviendo de
lo que nos gusta y no de lo que se base en la necesidad de dinero; evitando a
toda costa que esa magia se esfumase, sin dejar jamás que la rutina se
instalase entre nosotros y destrozase nuestro amor.
Y ahora estaréis pensando en lo empalagoso que suena todo
esto, en lo romanticona que estoy hecha... a éso no puedo darle una
explicación. Pero, ¿sabéis qué me encantaría? Me llenaría profundamente, me
enloquecería que me hicieseis preguntas sobre lo que suelo escribir, sobre mi
forma de hacerlo o mis motivaciones, sobre cualquier curiosidad que os entre en
la mente cuando me leéis... Prometo responder con esmero a cada una de ellas.
Sin mucho más, para cada uno de vosotros, un sincero gracias.
Un cuervo estuvo aquí, en busca de cobijo.. un cuervo levantó el vuelo sintiéndose agradecido...
ResponderEliminarMiles de gracias por leer, por encontrar en este blog ese abrazo que buscas... Espero poder dartelo desde aqui siempre que lo necesites. :)
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