Supongo que, al no tener ganas, no me saldrá nada demasiado provechoso de leer, quizá sólo escriba banalidades varias y poca cosa más. En fin, quien no quiera leer a partir de aquí, está en su derecho.
Comencemos debatiendo sobre unicornios:
Se dibujan en mi mente como animales con cuerpo de caballo, pelo suave y fino de colores de arco iris, con cuernos enroscados del color azul de una nube lluviosa... Olvidémoslo. Mi tono arisco y serio es incapaz de decir idioteces sin que suenen totalmente fuera de contexto.
Y no, no se me da bien fingir, supongo que intento ocultarlo entre temas de conversación incoherentes y risas falsas, con la cabeza entre las rodillas y los brazos abrazándome a mí misma para sentir el amago de un calor que echo de menos. Supongo que las estrellas intentan ayudarme pero no tienen palabras más que para deprimirme más, y supongo que no sé muy bien qué hacer ni adónde ir ahora mismo. La gente a mi alrededor, incluso la más fuerte, se derrumba al ver mis ojos, supongo que mi apariencia es muy contraria a lo que suelo guardarme en mi interior para nadie más que para mí y mis hojas de cuaderno llenas de letras pintadas con rotulador morado. Pero no hoy. Supongo que aparento fuerza, firmeza, decisión; y quizá incluso por dentro lo sienta. Pero no ahora. En cuanto paso algo de tiempo a solas con mi memoria el vacío me inunda, y me vuelvo incapaz de fingir estar bien. Quizá lleve mucho tiempo recogiendo en una caja los pedazos de mi alma destrozada por cada fallo, quizá no me haya atrevido a mirarlos mientras los colocaba por orden.
Es triste estar tan rota como un cubo de rubick sin ligaduras, y tener que coger una a una todas tus piezas para colocarlas cuidadosamente y sin mirar en una caja de recuerdos ya demasiado llena.
Es triste que todo lo que lleva un tiempo formando el nudo de mi garganta consiga desanudarse ahora, y por si fuera poco, añada un nudo más.
Es tentadora la idea de escapar de aquí, de sentarme en cualquier esquina y acurrucarme para siempre en un mar de lágrimas, hasta perder el sentido. Pero sé que no puedo hacerlo, supongo que no puedo dejar el turno a medias en una partida del parchís, tampoco cambiar el rumbo que he tomado ya con mi ficha, ni ir en dirección contraria para llegar antes a casa y poder descansar.
Supongo que no me queda otra que revisar una a una mis piezas, limpiarlas y reconstruirme, sonreír, levantar bien alta la cabeza y caminar... Diré que lo intentaré.
No prometeré nada.
Y no, no se me da bien fingir, supongo que intento ocultarlo entre temas de conversación incoherentes y risas falsas, con la cabeza entre las rodillas y los brazos abrazándome a mí misma para sentir el amago de un calor que echo de menos. Supongo que las estrellas intentan ayudarme pero no tienen palabras más que para deprimirme más, y supongo que no sé muy bien qué hacer ni adónde ir ahora mismo. La gente a mi alrededor, incluso la más fuerte, se derrumba al ver mis ojos, supongo que mi apariencia es muy contraria a lo que suelo guardarme en mi interior para nadie más que para mí y mis hojas de cuaderno llenas de letras pintadas con rotulador morado. Pero no hoy. Supongo que aparento fuerza, firmeza, decisión; y quizá incluso por dentro lo sienta. Pero no ahora. En cuanto paso algo de tiempo a solas con mi memoria el vacío me inunda, y me vuelvo incapaz de fingir estar bien. Quizá lleve mucho tiempo recogiendo en una caja los pedazos de mi alma destrozada por cada fallo, quizá no me haya atrevido a mirarlos mientras los colocaba por orden.
Es triste estar tan rota como un cubo de rubick sin ligaduras, y tener que coger una a una todas tus piezas para colocarlas cuidadosamente y sin mirar en una caja de recuerdos ya demasiado llena.
Es triste que todo lo que lleva un tiempo formando el nudo de mi garganta consiga desanudarse ahora, y por si fuera poco, añada un nudo más.
Es tentadora la idea de escapar de aquí, de sentarme en cualquier esquina y acurrucarme para siempre en un mar de lágrimas, hasta perder el sentido. Pero sé que no puedo hacerlo, supongo que no puedo dejar el turno a medias en una partida del parchís, tampoco cambiar el rumbo que he tomado ya con mi ficha, ni ir en dirección contraria para llegar antes a casa y poder descansar.
Supongo que no me queda otra que revisar una a una mis piezas, limpiarlas y reconstruirme, sonreír, levantar bien alta la cabeza y caminar... Diré que lo intentaré.
No prometeré nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario