Las tardes de invierno en que llovía y tu calor me bastaba para ser feliz.
Te tengo, lo sé. Te amo, lo sé. Me amas, lo sé. Más que a nadie, lo sé.
Sé que eres mío. Que ya te tengo en mis manos. Que no me hace falta comerme más la cabeza. Lo sé.
Sé que tengo ganas de ti, y que no soy la única de los dos que lo siente. Sé que te echo de menos en cuanto te alejas de mí a más de cinco milímetros. Sé que sientes lo mismo. Sé que cuando estoy contigo un incendio arde dentro de mí, sé que el vago recuerdo del olor de tu cuello es lo único que me hace sonreír cuando estoy lejos de ti. Sé que tus besos son mi aire, sé que tu mirada es mi agua. Sé que no dejaré que nada nos separe. Sé que por mi parte, eso jamás sucederá.
Sé perfectamente todo eso, y aún sabiéndolo...
Me sigue haciendo feliz cada saludo tuyo, tan feliz como me hacía el primer día que me di cuenta de que te amaba. Aún me hace ilusión que me digas "te amo", tanta ilusión como me hizo la primera vez que me lo dijiste. Sigue saliéndome esa sonrisa tonta cada vez que pienso en ti, como aquellos días en que aún estabas volviéndome loca, haciendo que me comiese la cabeza. Evidentemente, sigues volviéndome loca. Tu sonrisa, cada vez me enamora más, tus ojos cada día me asombran de nuevo. Sigue parándose mi corazón cada vez que te veo avanzar hacia mí como el primer día que quedamos. Mis nervios siguen siendo los mismos aunque me controle más, mi amor jamás dejará de crecer. Porque cada día que pasa, a pesar de mis paranoias y estupideces (mi mente se divierte a escondidas mientras yo me como la cabeza), te amo más, y más, y más...
Cierro esta entrada sin palabras de despedida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario