Como un adiós que jamás imaginaste.
¿Qué es una despedida?
No lo sé. El pensamiento que solía responderme las preguntas se fue, así que supongo que me quedaré con la duda.
¿Que por qué se fue? No lo dijo. Recuerdo que un día su presencia se notó incluso en mis pulmones, que cada pregunta que me hiciese, por muy estúpida que fuera, me la respondía. Que incluso hablaba cuando yo no se lo pedía. Recuerdo que quizá incluso llegó a hartarme de tanto parlotear dentro de mi cabeza. Antes de dormirme pensé "¿por qué, querida mente, te gusta pensar tanto? ¿por qué no me dejas en paz, y me das respuestas, y no más preguntas a cambio?". A esas preguntas no obtuve contestación, me dormí. Cuando me desperté, recuerdo que no me hizo falta pensar. Quizá sólo sentía, o quizá me volví ignorante de repente. Sólo sé que mi razón se marchó ese día, sin decir adiós, esa fue su despedida. Fue palpable, porque mi inspiración huyó con ella. Fue dolorosa, porque me golpeó en el alma como una espada, pero no logré reprimirme mi estupidez.
Quizá así sean todas las despedidas; quizá no haga falta un "adiós" cuando es para siempre.

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