Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

martes, 17 de mayo de 2022

Múltiples vidas.

Un fractal en expansión:
vivencias en conexión.

Infinitas ramificaciones,
infinitos caminos,
espacios infinitos,
infinitos cruces.
Y nosotros, luciérnagas
naciendo en los nodos,
surcando las ramas,
ineludible destino:
hacia las puntas.

Hacia todas las puntas.
¿Qué punta?

Y en los infinitos cruces
de camino al extremo,
infinitos futuros,
infinita selección.
Hacia la siguiente rama,
a la próxima decisión.

Paralelos a las alas,
vemos todos los "¿Y si...":
todas las pasadas ramas...
Y en nuevas encrucijadas,
llevados a la reflexión:
dudas infinitas,
tentación de inflexión.
El fractal, en expansión,
instiga a la continuación
y miramos de lado un Y si,
siempre la misma cuestión.

Pero a veces, sólo a veces,
vemos nuestro Y si ocupado...
Una luciérnaga inspiradora
escogió lo que yo he apartado.

Y si su luz brilla tanto
que fluye con soltura,
si avanza con ternura
y nos encanta su entramado;
si tiene magia, el nuestro
cobra un sentido más pesado.
La sabiduría del destino:
no dejar llaga en el pasado.



sábado, 23 de abril de 2022

Mi cara B.

Me has visto llorar bastante,
y aún, no lo suficiente.
Me ves reír, a veces,
pero sigues enseñándome a disfrutar
y siento que aún no quiero irme.
Quiero quedarme,
inspirar, inspirarme,
formarme de pequeñez y explotarme,
hasta acomodarme en tu caos,
hasta apreciar tu lluvia.
Así como en tu análoga no me encontraba,
la sentía mía, pero no a mí suya,
parece que en ti sí, percibo que me aprecias,
que me activas instintos dormidos,
me aíslas y envalentonas.
Quiero quedarme
y que me conozcas,
aunque sea duro
y aunque sea sola.



sábado, 26 de marzo de 2022

Nostalgia y romanticismo

Los findes sin planes y yo sóla conmigo somos un conjunto agradable, a pesar de todo. Es reconfortante sentir cómo cada nuevo sábado asocial acepto mejor mi solitud, vuelvo a encontrarme en el romanticismo y me acerco a quien quiero ser, nada más que de forma natural, por matar el silencio vacío que me provoca el no tener compañía. Parece una bonita metamorfosis, cómo la frecuencia de estos días me enseña a convertir lo que parece soledad en el placer de mi propia compañía.

Al salir a la terraza, sentir el aire fresco y ver un cielo de nubes lumínicas entre edificios estáticos, la calma de este sábado en esta zona de Barcelona se compara a la de un domingo en las cuatro torres de Madrid. Pienso en los días de diario haciendo visitas esporádicas, tomando algo en el bar de al lado, entre tanto gentío, dentro de un escenario de otrora tanta calma. Si hoy me sintiese muy sola, al visualizarlo ahora sólo lo añoraría, querría agrandar esa imagen y permitirle anidar en todos mis sentidos. Y que no me sorprenda: en parte es así, pero mi romántica renaciente también encuentra placer en observarlo desde la distancia, con el cariño maternal con que miramos nuestros recuerdos más preciados, y dedicar un rato de mi tiempo conmigo a escribir esto para mí.