Veo un dibujo y se me acaricia algo dentro. El cuerpo, las curvas, las superficies casi rectas y el color. Imaginar el tacto de la piel... O las islas de casitas de color que he reconocido y, aún sin sentirlas sueño mío, me han llenado un poco. O ese vestido lleno de detalles, no tan puro, y aún sencillo, que sí merodea entre mis sueños y del que me siento enamorada. Qué placeres más extraños.
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