Es imposible huír del pasado. De alguna manera siempre intenta colarse por cualquier rendija; ya sea en forma de olor, con el sonido del inicio de una canción que parece ser aquélla pero en realidad no lo es, o con lo menos habitual: un aparentemente breve vistazo voluntario al camino recorrido, que termina por durar horas.
En mi caso, mi pasado suele preferir que hable sobre él con palabras escritas. Dice que a ésas nunca se las lleva el viento, por lo que son perfectamente adecuadas para describirle.
Parece tan extraño como un suceso ajeno el darse cuenta de repente de que tu vida no siempre ha sido como es ahora mismo. Estoy acostumbrada a éste presente, con todas sus ausencias y carencias, y todas sus cosas de más. Pero siempre es una ocasión especial aquella en la que, por casualidad, caigo en que muchas de esas ausencias fueron algún día algo más que ausencias, y en que muchas de esas cosas de más pueden haber sido antiguas carencias.
Lo más difícil para mí es mirar al pasado sin que esa acción influya en mi presente; pues cuando decido recordar, decido inconscientemente revivirme. Me encuentro de nuevo bajo la piel de una Yo que ya no es mi Yo, y siento, veo y deseo todo lo que esa otra persona deseó, vio y sintió en ese mundo paralelo alejado de mi realidad. Normalmente, cuando recuerdo, toda la retahíla de fotogramas se sucede sin interrupción. Pero a veces, en contadas ocasiones como lo es hoy, algo me devuelve bruscamente aquí, a mí, y resulto descubrir que mi Yo tiene un cajón al fondo de su alma en el que guarda un pequeño deseo: volver a ser la de antes.
Sin embargo, tan desgraciada como afortunadamente; aunque mi Yo pudiese retroceder en su tiempo, volver a ser la de antes no sería posible si todo lo demás siguiese siendo el demás de hoy.
Ni mi actual Yo de hoy con su profundo cajón cerrado te negaría que, si fuese posible volver al pasado, lo haría. Sin embargo, nada cambiaría y este día terminaría llegando de nuevo, y todos los sentimientos de aquella otra Yo habrían quedado igualmente ennegrecidos, que es tal y como lo están hoy.
Así que, pasado; me dispongo a recordarte por un segundo de mi tiempo presente. Voy a escribirte despacio y vocalizaré para meterme en el papel, voy a representarte por primera vez después de ser protagonista del hecho real en que te basas, y voy a volver a mi vida sin permitir que tú la cambies, pues tú mismo la cambiaste ya una vez y decidiste que aquí llegaría Yo.
Jamás prometería que te haría volver, pero no necesito jurar que todas mis Yos te van a querer.
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