Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

domingo, 13 de marzo de 2016

Bajo mi opacidad II.

Bajo mi opacidad, sí, o bajo una continua vestimenta.
Me gusta vestir de colores para transmitir mis emociones.
Visto de amarillo y blanco, o con cualquier vestido claro cuando me siento bien conmigo misma. Visto de rojo o rosa cuando tengo cierta intención de parecer seductora. Visto de azul bastante a menudo; me siento cómoda con el color del cielo y el mar.

Pero no sé qué me ha ocurrido. Parece que, últimamente, sobre vestidos, pantalones, blusas... Visto una camisa de fuerza que me hace aparentar más dureza de la que tengo dentro.

A tus ojos seré un muro de hierro, a tus ojos nunca jamás caeré ni dejaré caer una sóla de mis partículas, a tu vista pareceré inquebrantable, totalmente impenetrable y lejana, y si te fijas en mi con un poco de tiempo y calma me asemejaré incluso tenebrosa.
Sin embargo, para los ojos que no ven estoy hecha de esponja por dentro: soy blanda, soy sensible, y al mínimo roce me harás ceder. Filtraré y absorberé todos tus golpes aunque mi armadura los amortigüe, los esconderé para mi internidad y terminaré tragándomelos hasta expandir el inframundo que existe en mí.

Si sólo te atrevieses a acariciarme... Si tan sólo probases a abrazarme. Si simplemente probases suerte con una mirada un poco melancólica o un beso sutil en la frente, sabes que me derrumbaría. Incluso mis fragmentos más pequeños vibrarían con la onda expansiva de tu tacto y toda mi estructura, enrevesada y entrelazada, caería ante ti: serías cómplice de mí, abriría mis puertas férreas y, tras rasgarse mi camisa de fuerza, estallaría mi campo de debilidad.

Después, por más que te alejaras, una parte de ti se quedaría en mi, y tú te llevarías una buena parte de mi decimosexto big bang.

¿Querrías observarme? ¿Estarías dispuesto a probar y quedarte para siempre?

No hay comentarios:

Publicar un comentario