Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

domingo, 18 de octubre de 2015

V = dr/dt

La velocidad implica tiempo; sin embargo el tiempo no supone ningún tipo de velocidad.
Qué gran contradicción es desear que llegue un momento puntual de todo el tiempo que nos queda, y a la vez querer sentir la delicadeza de los segundos, de los días, escurrírsenos entre los dedos. Qué doloroso es imaginar algo que aún no puede ser y no sabes si será, y qué triste sería volverse inerte, frenar los hechos y mover el tiempo para hacerlo suceder sin que después exista retorno.
¿Qué ocurriría si pudiese tener lo que deseo ahora mismo sin arriesgar nada? ¿Sin colas, sin esperas, sin demasiadas expectaciones?
A lo mejor sería feliz por un momento. ¿Y después qué?

Creo que el tiempo está hecho para aprender. Para que no pensemos demasiado pero no dejemos de pensar en aquello que deseamos, y nos dediquemos a disfrutar de lo que tenemos. Para sentir la emoción del paracaidista que se lanza. Para flotar en el aire, en un lugar intermedio entre el cielo y el suelo que, ni deja de ser aire, ni deja de ser polvo.
Creo que existen espacios temporales donde la velocidad no existe, sólo el lugar y el instante relativo: un después o un antes. O ambos.
Después volvemos -porque antes ya lo estábamos- a estar suspensos.

Volvemos sólo a flotar.

Los infinitos segundos de espera nos confieren algo inmortal.

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