Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Matices I: Recuerdos.

Cómo pasa el tiempo.
Aún puedo verme en el ayer de mi mente: pelo liso, morena, ojos marrones en invierno.
No he cambiado tanto...

Aún puedo verme sentada a la mesa, cortando una cartulina para que la gente de la calle arrancase papelitos con corazones por el día de San Valentín. Me recuerdo tumbada en el suelo, dibujando un futuro cuadro de mi habitación -el cual ha pasado ya a mejor vida-. Puedo revivir esa primera versión de mi mundo interior sólo escuchando una canción de Cali & El Dandee, y enmarcar mi visión del mundo exterior sólo combinando un par de prendas de ropa -que ya estarán desperdigadas por ahí-.
Puedo incluso, gracias a fotos de tuenti con textos de lo más cursi, reencontrarme en un momento con todos mis vínculos; por entonces decía que tenía 16 mejores amigos. No tengo ni la más remota idea del paradero de la mayoría; otros permanecen cerca, pero de otra forma ciertamente más lejana; y con suerte, con un par de ellos -si llega- supe juzgar bien.

Me resulta asombroso cómo aplica el tiempo su magia. Por más que huyas de él, si te despistas se te colará dentro: por tu boca al respirar, por tus oídos al escuchar al viento rugir.
Me gusta comparar las dos imágenes en la caja de cereales: la misma escena, la misma época del año, la misma niña con un par de centímetros más. Y a su alrededor, y por dentro, todo es diferente.

Recuerdo aquél año como el principio de mi vida: descubrir, conocer, inventar, sentir. Sobre todo sentir. Sentir deseo.
Aún puedo revivir el momento al verle, el antes y el después de la calma que mis nervios esperaban y que los volvía a dejar con hambre. Todavía me afectan como puñales sus palabras dichas hace tanto, ya perdidas entre ecos, ante las que yo no sabía qué decir por inexperiencia.
Pero lo que más vívido se hace en mi mente son las ganas que tenía de que él me besase.
Jamás hubiese tenido yo la iniciativa; y de hecho, jamás la tuve. Pero sí tuve un sueño, siempre el mismo, mientras le observaba despierta.

¿A quién se le ocurrió la remota idea de que yo y yo fúesemos la misma?

Hoy día, me cuesta recordar la última vez que sentí algo así. Mi mente analítica tiende a considerar que, con el tiempo, perdemos sensaciones y ganamos experiencias; y no estoy del todo segura de si eso termina de merecer la pena. Porque echo de menos mi inocencia, y aunque me copiase y pegase en la mí misma de antes, ya estaría fuera de contexto.

Hoy día, me cuesta recordar la última vez que sentí algo así. Quizá ese pequeño matiz de la pasada inseguridad sea lo que lo haga parecer más mágico de lo que lo han sido los demás. Quizá su eternidad consista en ser recuerdo... Aunque eso también me complace.

(Eres único en mí)

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