Pasión, prisión, presión.
Hemos ladeado la cabeza confusos. Hemos vuelto el rostro y mirado a nuestras espaldas, hemos desandado lo andado y volvemos a encontrarnos cara a cara... En este misterioso rincón perdido que gira por encima de donde llega la percepción del espacio y más rápido de lo que alcanza a recorrer el tiempo.
Volvemos.
Y ésta vez nos encontramos a un paso menos.
Tus ojos observándome con un brillo tragicómico romántico. Mi expresión quieta y callada, mi fachada escondiendo la agitación de mis partículas mientras entras en reacción conmigo. Y mis puntos débiles.
Alargando tus dedos para tocarme.
Una voz te grita que soy de cristal, pero nadie la oye. Mi voz se desgañita en mi interior, quizá por ello siento retortijones cuanto más cerca de mí se encuentra la electricidad de tus curvas dactilares.
¡Oh, por dios, acállala de una vez...!
Pasa un segundo eterno, de esos que nadie, ni siquiera yo imagino. Pasa un segundo de esos en los que pasa todo y después todo queda tan vacío que sólo queda hacer una locura para llenarlo.
Y rompes la barrera del viento que se cuela entre nosotros. Siento un insecto clavado en mi piel, absorbiendo mi sangre, viviendo de mí. Siento tu presión.
La presión de tus dedos en mi cadera, la presión de todo mi interior, que amenaza con explotar.
¿Pero a quién haría daño? ¡Basta ya de ser correcta!
Y entonces todo arde en un mar de explosiones y júbilo. Tu boca en llamas entreabierta ante la transparente visión de la mía, tus párpados medio cerrados, tus pestañas enarcadas y tu expresión de serenidad. Y me besas.
Y me aferro a tu pelo antes de caer empachada de sana ebriedad, pero caemos ambos, y ya siento tu presión de nuevo.
Tu calor adormeciéndome y tu reconfortante cobijo. Otra vez tu cuerpo sobre el mío.
[Fortgesetzt werden]
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