Aún me sigo preguntando de dónde sale todo.

sábado, 5 de abril de 2014

No me arrepiento de habérselas vendido al viento, porque el tiempo, al ver que miento, se las llevó.



... Y no sé si se trata de la brisa marina, de la canción que suena o del bohemio paseo en coche alrededor de las típicas luces pixeladas de película, pero ahora, en este preciso instante, te estoy echando de menos.

Quizá porque cortamos muchas líneas buscando mejores destinos, quizá porque apostamos sin perder muchas cosas que por entonces no teníamos.
Cuántas palabras, tantos secretos, esas revelaciones y el contenido y fugaz deseo. Las alas que me dabas, nuestras promesas heladas; las alarmas que despertabas en mi soledad extensa, lo que significabas luego y lo sereno que quemabas con llama intensa: fuego incontenido, ardor interno, agonizante alarido, escalofrío eterno. Una sonrisa por aquí, una bobada por allá, un pequeño gesto inocente y una confesión sin hablar; una canción, un "dejarse llevar", muy poca práctica y demasiado hablar.

Y me arrepiento de habérselas vendido al viento, porque el tiempo, al ver que lo siento, se las llevó.

Porque pensamos demasiado en vez de sentir primero, por sentirnos obligados contra el frío invierno. 
Y cuánto me gustaría decirte lo agudo que es este silencio, lo mucho que falta aquí tu esencia y lo mucho que te quiero, cuánto te estoy echando de menos, preguntar dónde quedó ese sentimiento, contarte en cuántas cosas te miento, y verte de nuevo por dentro; y si te incomoda, lo siento. 

Tengo la sensación de haberlo hecho todo al revés, de dudar si estos impulsos renuncian o no a mi piel. 
¿Y si nos dejamos llevar de una vez? ¿Suena eso demasiado bien? 



Y no, en realidad no te estoy echando de menos; 
suelo hacerlo desde que dejamos de vernos. 



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