Veo en el espejo que la luz se refleja en mis ojos y los hace mas verdes, mas esperantistas, mas bellos.
Cojo el peine de la mesita de noche y me cepillo el pelo. Hoy parece más brillante que nunca, mas limpio, como sacado de un cuento.
Por fin, me siento a gusto con la ropa, Me sienta bien y me hace sentirme libre.
Sigo encantada por la historia de amor preciosa que leí anoche, en la que los protagonistas parecían estar muy enamorados. Tanto que me había hecho volar a mí mientras apoyaba la cabeza en la almohada.
Mi corazón está a mil por hora: estoy feliz. Me dan igual las horas que tenga que aguantar este jueves, me dan igual los castigos que me pongan.
Miro la hora en el móvil, las siete y treinta y ocho de la mañana; me quedan dieciséis horas y veintidós minutos para disfrutar de este Jueves.
Busco una frase para el día: Si sueñas, el tiempo puede volar; si tienes pesadillas las noches se te hacen eternas.
De repente mi vista se nubla, mis ojos no ven y me tengo que apoyar en la cabecera de la cama.
Pasa el tiempo sin saber cuánto.
Abro los ojos y estoy en el suelo, sentada, jadeando.
Me miro al espejo, esos ojos verdes ahora son marrones oscuros, tenebrosos, con miedo. Las pupilas intentan volver a su tamaño normal después de haberse agrandado.
El reloj de pared parece haberse parado, da la impresión de punzar con un aguja tu pecho diciendo "las horas serán largas, en el vuelo caerás".
El Sol ha quedado cubierto por las nubes negras de tormenta, que anuncian frío sin consuelo; y ya no recuerdo nada de la historia que leí.
Ahora solo quiero cambiar de nuevo esas ropas que ahora parecen arder por el pijama calentito y abrigado que me arropó esa noche, siendo el único testigo de mis preciosos y ahora lejanos sueños.
Las miradas se vuelven negras,
un pequeño apagón anula todas las luces que parecían rodearme,
caprichosas,
solo por encender el brillo gris de un amargo recuerdo.
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